Tango para Elisa

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Se subió a sus miedos más australes
con un resto torpe de elegancia
y tapó con rimmel de otros males
los fantasmas turros de su infancia.

Para Elisa, vida y sobrevida
eran gotas de un licor barato
que bebía en bares, como heridas,
que curaba en noches de arrebato.

Y en el lado oscuro de las horas
es un piano ciego...
es un Dios en llamas...
una nube prisionera entre las ramas
con la boca medio abierta
y un silencio volvedor.

Vagabunda y reina en buenos Aires,
hoy camina sola
por su historia helada,
laberinto en línea recta hacia la nada
con la vida hecha un bollito
en el bolsillo del dolor.

Si la noche está junto a sus manos
como un ciervo herido junto al fuego,
si devora el pan del desamparo
¿cómo habrá de ser su primer sueño?

En la calle dicen que se ha muerto,
pobre Elisa, ha muerto tantas veces;
lo más triste es ver que siempre es cierto
lo asombroso es ver que siempre vuelve.


Autor(es): Raimundo Rosales, Franco Luciani