Bar de confidencias

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Bar de confidencias eternas,
hueco de palabras cansadas;
el tiempo es un domingo malherido,
un perro masticando su sopor.

Tarde de humedad en las almas
y ese cruel descenso al infierno,
estamos desolados de tristezas
cenizas de un perdido amor.

Guardo tu silencio y tu mejor canción
y voy por vos, como un dios sin dios,
sin saber volver ni andar.

Fuimos la belleza de los cuerpos,
fuimos cazadores casi tiernos,
feroces como sombras,
fuimos el (como aquel) milagro entre los dedos,
magos y poetas desarmados,
pájaros de un cielo que se ha muerto.

Y hoy somos nada más
la vieja soledad
que invita un trago y se va.

Va cayendo el día, despacio,
como espejo atroz del silencio
hoy llueven corazones desdichados
y escarbo entre los restos de mi piel.

Bar de confidencias eternas
la verdad se ahoga en mis ojos
y voy tallando historias en la pena
escarcha que sangró el ayer.


Autor(es): Raimundo Rosales, Pepe Motta

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