Dejá el conventillo

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Mi linda pebeta, de ojazos de cielo
de labios tan rojos como un corazón,
dejame que a solas yo pueda decirte
que estoy medio loco, de amor, por vos.
Pa’ mí ya no existen las otras mujeres
ni pienso en las farras ni en el cabaret,
pues vivo, pebeta, pensando tan sólo
que al fin, algún día, me habrás de querer.

Y aunque todas las comadres
te aconsejen lo contrario
y te digan que conmigo
no te debés espiantar;
no olvidés que te lo dicen
por la envidia que te tienen,
al saber que en mi automóvil
yo te llevo a pasear.

Seguí mi consejo: dejá el conventillo
que en él, mi pebeta, no debés vivir.
Y en vez de esa pieza sin luz y sin aire
verás qué paquete será tu bulín.
Mi linda pebeta, de esos ojos de cielo,
pensá que conmigo feliz has de ser.
Pues tengo un cotorro que es una delicia
y a veces te llama, pa’ que lo habités.


Autor(es): Francisco Ruiz París, Antonio Scatasso