Durazno a cuarenta el ciento

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Al caminar el tobiano
diquea la cabezada
más lustrosa y bien cuidada
que cadena de italiano,
un moño rojo, galano,
le bate al sol su spamento,
mientras el dueño contento
con la mano hace bocina
y grita, mientras camina:
¡Durazno a cuarenta el ciento!

Lleva alpargata de lona,
a rayas el pantalón,
negra faja de algodón,
su camiseta aprisiona,
el funghi no desentona
la pinta en ningún momento
porque en su requintamiento
sombrea su vista rana
al batirle a una fulana:
¡Durazno a cuarenta el ciento!

No hay bache que no conozca
de Belgrano a Mataderos,
para él no hay pozo fulero
de Villa Crespo a la Mosca;
en su hombría sana y tosca
hay algo de sentimiento,
lanza su pregón al viento
en una nota alargada
y alborota la barriada:
¡Durazno a cuarenta el ciento!

¡La flor del monte, patrona!
¡“lo brisco” y los “amariyo”!...
y acariciando al potrillo
un compás de tango entona;
tiene una frase burlona
y un piropo en un momento
y mientras observa atento
a una paica que transita
se sube la faja y grita:
¡Durazno a cuarenta el ciento!


Autor(es): Celedonio Flores, José Razzano