Catorce

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Qué dicha tan singular
y qué emoción
se siente bailando un tango,
cuando el que baila es un pierna
y con calor
se balancea al compás.
Se siente por todo el cuerpo,
sin cesar
un voluptuoso mareo;
con el balanceo
me da un cosquilleo
que no es posbile explicar.

El tango es cosa divina
si se baila con pasión
llena nuestra alma de gozo
y nos inunda de amor.

Cuando me lleva mi china
¡qué placer
al hacer la quebradita!
Todo mi ser se conmueve,
con ardor,
en los brazos de mi bien.
Y al hacer la media luna,
no hay que hablar,
se quedan entusiasmados.
Somos aclamados
los más afamados
en el arte de compadriar.
Este requiebro es de primera
y no lo hace cualquiera.
Este corte compadrón
sólo es pa’ quien
lo sabe hacer muy bien.


Autor(es): Ángel Villoldo, Alberico Spatola