En la estancia’e Don Ramón

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Era grande la reunión,
de gente, aquella mañana,
porque había yerra en "La Diana",
la estancia de don Ramón.
Iba en "Mi carta" el patrón,
un doradillo mentao,
que había sido sentenciao
más de una vez al cuchillo
cuando era un pobre potrillo
guacho, panzón y arruinao.

Orillando los sauzales
se hizo cortina el ramaje
y el balar del terneraje
era un lloro en los corrales.
Los paisanos serviciales
pa’l trabajo iban llegando;
y entre ellos considerando
que así a la antigua, una yerra,
es algo de nuestra tierra
que ya vamos olvidando.

Los fierros en los fogones
igual que brasa quedaban,
después con ellos marcaban
los animales, los peones.
Y hasta los viejos mirones
rememorando el pasao,
tenían pa’ un pial de volcao
un golpeteo de manos,
como un premio a los puntanos,
que poco se han mestiazo.

Dentrao el sol, la mozada
se dispone pa’ la fiesta,
es la guitarra una orquesta,
que acompaña una tonada,
una zamba bien punteada,
un gato con relación,
y como una tentación
suele ser una paisana
cuando su risa desgrana
pa’ ganar un corazón.

Pa’ que baile algún pueblero,
comedida misia Chola
acomoda en la vitrola
un bailecito extranjero.
Y al formarse el entrevero
un gaucho zapateador
sale prendido a una flor,
ojos claros, medio ñata,
endureciendo una pata
en el fostrot seguidor.

Es que tanto ha dominao
la musiquita extranjera,
que hasta en la fiesta campera
suele ser algo obligao.
De áhi que el gaucho entusiasmao
baile también de arrastrón,
y hasta el mesmo don Ramón
se animara a formar yunta
y saliera haciendo punta
pa’ completar la función.


Autor(es): Evaristo Barrios

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