La rosa

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Junto a mi lado pasaste
como visión pavorosa
y en tus manos una rosa
aprisionada yo vi;
como soy tan amante
a esa flor tan fraganciosa,
te dije: "Dame esa rosa",
pero no la conseguí.

Hoy tal vez la flor se encuentre
ya marchita y deshojada,
o quizá está tirada,
en un obscuro rincón.
Por el aire se ha esparcido,
tal vez el perfume de ella
pudiéndome haber servido
de consuelo en mi aflicción.

Tal vez una torpe mano
después de haberla estrujado
uno a uno habrá quitado
los pétalos de esa flor.
Y con desprecio terrible
sus hojas habrá tirado
y el viento habrá arrastrado
su perfume embriagador.

Pobre flor; tal vez sus hojas
sigan en este momento
a impulso del fuerte viento
que las empuja al pasar.
Triste fin. Quién lo diría
que en su primer alborada
iba a morir deshojada
sin una dicha encontrar.

Mas también las bellas flores
tienen su fatal destino,
como la rosa que vino
directamente a morir.
De la planta fue sacada
con el mayor egoísmo,
hacia el borde del abismo
donde debía sucumbir.

Así también los mortales
tras una dicha marchamos
y sin notarlo alcanzamos
el fin de la triste flor.
El destino es quien nos lleva
con su fuerza misteriosa
para hallar, como la rosa
el abismo del dolor.


Autor(es): Andrés Cepeda, Carlos Gardel

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