La aguja en el pajar

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Se fue de noche, con la luz de los faroles,
dejando abierta la puerta del zaguán: allí
se iba el amor de mis amores, y por esa puerta
entrarían los demás.

La yerba al sol tiene un misterio que encandila,
cuando no hay nada en la mesa que probar.
Si te robaron la ropa limpia en la terraza, ¡pensá
que hay otro gil! que, como vos, la pasa mal.

No hay otra hombría que el zapato bien calzado,
que la raya en el costado y la flor en el ojal...
Yo no riego las macetas, yo no miro las estrellas,
esas cosas son de ellas... ¡que sé yo por qué lo harán!

A mí me gusta el tren de la mañana, cuando lanza
el pito de la seis pa' laburar, me pongo el traje
de los sueños en la cama, doy media vuelta y ¡chau,
no existo más!

No hay cobardía más indigna que la suerte,
yo prefiero que la muerte, pague todo el funeral.
Yo no beso las mejillas, ni me raspo las rodillas
con promesas, caminando con los otros a Luján.

La Biblia dice que es mejor andar en yunta
que arrebatarle el vestido a la soledad, pero
si el otro está más solo que tu sombra, ser el piso,
o ser la alfombra, ¡para el pie, lo mismo da!...

Yo no tengo más escuela que la vuelta que hace
el día cuando quiere anochecer; a mí me gustan
las cosas que se pierden, los perros cuando muerden,
la aguja en el pajar...


Autor(es): Alberto Muñoz