Siluetas de la tarde

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Cuando en la Pampa la luz se aleja
y brotan perlas en el jardín,
una voz triste como una queja
lánguidamente canta sin fin.
Ella me dice que en mí pensando
inmóvil mira al cielo azul,
y me repite lo que llorando,
lo que llorando me dices tú...

Y cae la noche llena de estrellas
como mortaja a un día de sol,
y me parece cada una de ellas
de esos tus ojos divino resplandor.
En una iglesia el Angelus tocan
y una cieguita hace su oración,
dos pobres viejos penas evocan,
penas amargas del corazón.

Todo es oscuro, todo es sombrío
calles desiertas, suburbios en paz,
sólo un malevo flagela impío
a un cruel rezago de la ciudad.
La voz aquella sigue cantando
dulces estrofas de amor, pasión;
mientras la luna viene alumbrando
y tu me envías el corazón.


Autor(es): Príncipe Cubano

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