Llanto de madre

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¿Por qué del dulce hogar te fuiste,
si a ti su santo amor te daba?
Quedó la viejecita triste...
¡Si vieras cuantas noches
te esperó!...
No sabes que de llanto
derramó...
Fue tal su desventura
que, por ti,
la pobre se enfermó.
Ayer, en tanto suspiraba,
pidió que te buscara pronto,
porque muy sola se encontraba.
Y, entonces, a la enferma
yo engañé,
diciéndole que estabas
por venir.
Le dieron mis palabras
tanta fe,
que se puso a sonreír.
Vuelve, por favor,
que, su corazón,
bien se curará
si le das amor.

Sin ti se morirá, mujer.
Deja que pueda abrazarte.
Quizás no sepas comprender
lo que es cariño de madre.
Escucha su doliente voz;
ven a calmarle las penas...
¡Ten piedad!
Recuerda que el vivir
te dio.
¡No hay cosa más ideal
que el amor
maternal!

Yo sé que a un hombre diste todo.
Por él dejaste a la viejita.
Tu honor se salpicó de lodo.
Quemaste en cien orgías
la virtud;
mataste con champán tu juventud.
En tanto que a esa madre
sin igual,
ponías en la cruz.
Allí tirada sobre un lecho,
ya ves, la pobre te reclama.
¡Qué mal! ¡Qué enorme mal le has hecho!
Pero, no obstante toda
tu impiedad,
te llama con la fuerza
de su amor.
Dios quiera que regreses
al hogar,
¡si es que tienes corazón!


Autor(es): Antonio Bonavena

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