Refucilos

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Noche negra, un refucilo alumbra la tapera
donde espera la mujer mala sin fe ni corazón.
Zita se llama la pérfida extranjera,
que al gaucho bueno con besos embrujó,
dando al olvido la noviecita blanca,
que fue el ensueño santo de su primer amor.

Un refucilo como una herida
recorre el cielo y alumbra incierto
a un emponchado que a pasos lentos
a la tapera derecho va.
¡Deténte! —el gaucho le grita fiero—,
y ya en sus manos reluce el hierro.
La triste sombra del aparecido
lanza un gemido y cae sobre el puñal.

Negra noche... dos largas trenzas alumbra un refucilo...
Era ella la noviecita de su primer amor.
Ronco alarido resuena en la tapera
y el gaucho bueno, borracho de dolor,
arranca el arma sangrienta de la herida
y con el mismo acero se parte el corazón.


Autor(es): Micaela Sastre, Rodolfo Sastre

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