Recuerdos

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Murió mi compañera idolatrada
la mujer que jamás olvidaré,
y que tengo en el alma reflejada,
como tiene en su seno la alborada
la estrella del callado amanecer.

En la noche callada y misteriosa
su recuerdo me inunda el corazón
y su nombre dulcísimo reboza
de mis labios temblando de pasión.
Ella fue la esperanza de mi vida,
mi consuelo, mi dicha y mi sentir;
la adorada mujer, que no se olvida
y que se lleva en el alma hasta morir.
Yo la amaba con ciega idolatría
ella fue la ventura para mí
porque puso en mí vida tan sombría
con su dulce cariño, la alegría
que consuela la angustia del vivir.

En la noche callada y misteriosa
para llevarla al suspirado cielo,
a bajado un ángel del Señor,
ella se fue y mi vida sin consuelo.
Lloro por siempre jamás, su eterno duelo
¡Oh cruel destino en dónde está mi amor!


Autor(es): Alfredo Pelaia