Las romerías

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En el rancho ’e Ña María
se requintan las chinitas
pues van a la romería
y quieren estar bonitas.
Van llegando muy contentas
por los juegos que han de ver
y la vieja recomienda que
no sean mañeras cuando hay que volver.

Recién tiraron las bombas
para llamar la atención
la orquesta ya se acomoda
para empezar la función.
Arrancan con un lindo paso doble
que un mozo guapo sabe aprovechar
y se dirige a la más pebeta
para invitarla si quiere bailar.

Y la pebeta se puso rosada
muy confundida sin saber qué hacer
la madre al verla tan emocionada
le dice que no la van a comer.
Que no se diga que sea hija mía
que pa’ estos lances era yo la mejor
¡Ah... quién pudiera volver a esos días
en que tu padre me confió su amor!

Baila entonces la pebeta
olvidando sus temores
y el mocito que es careta
ya le está hablando de amores.
Por eso las romerías
son motivo de atracción
las mujeres lucen todas las
mejores galas en esa ocasión.

Unos mozos forasteros
recién llegaron al baile
ya están en el entrevero
buscando colocación.
Para atracarles el carro a las pibas
que están planchando con resignación
y que esperaban esta embestida
como el que espera una bendición.

A Ña María ya la vence el sueño,
por eso manda llamar a sus hijas
que se resisten pero vano empeño,
pues ya la vieja empieza a caminar
y la más chica es la más llorosa
la que reclama con más corazón
es que en su pecho floreció la rosa,
la rosa de la primera ilusión.


Autor(es): Nito Farace

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