Madrigal de ausencias

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A veces en las lentas madrugadas sin final,
cuando la aguja diminuta y fatigosa del reloj
resuena en el silencio como un eco circular
del tiempo que jamás se detendrá,

le pido a la tristeza que me traiga esa canción,
que melancólica me hable solamente del ayer,
entonces ella canta su apacible madrigal
de lágrimas sin penas ni por qué...

Y vuelve a aparecer
en un atardecer
la sombra de mamá
de miel dorada y pan,
mi calle, la estación,
mi cómplice rabón,
y allí el ferrocarril
y el júbilo infantil
de no pensar en Dios
ni en el tiempo veloz...

Tristeza no te vayas esta noche por favor,
que si te vas voy a quedarme solo y triste como vos;
hoy quiero convidarte un trago de mi soledad
y luego una vez más decirte adiós...

A veces en las lentas madrugadas sin final,
con la febril monotonía del desvelo oigo la voz
de viejas melodías y una brisa maternal
que pasa acariciándome y se va...

Y vuelve a aparecer
en un atardecer
la sombra de mamá
de miel dorada y pan,
mi calle, la estación,
mi cómplice rabón,
y allí el ferrocarril
y el júbilo infantil
de no pensar en Dios
ni en el tiempo veloz...
y cruel.


Autor(es): Alejandro Szwarcman, Néstor Basurto