Canto rodado

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La mulas con sus arrieros,
al tranquito, cuesta abajo,
vienen contando sus pasos
pa’ no perder el tanteo,
mientras el sol, en los cerros,
su luz quiebra en mil pedazos.

Del monte baja llorando
la pastorcita asoleada
y se oyen las campanadas
de la capilla del pueblo,
como toques de cencerros
pa’ las almas descarriadas.

(Recitado)
Y al tañir de la oración
se le “enyunta” esta canción.

No “yorés” pastora que vas a enfermar
pensando en quereres que no volverán.
La virgen del “vaye” te hai’de consolar...
No “yorés” pastora, que’l “yoro” es pesar.

(Recitado)
Y ayecitos de emoción
va gimiendo un corazón.

Déjame que “yore”, déjame “yorar”
que secos mi ojos se habrán de quedar
pa’ que a otros no “queran” ni puedan mirar...
Déjame que “yore”, déjame “yorar”...

Brama el viento en las quebradas
y en el cielo refucilan
relámpagos que iluminan
el cuerpo de la pastora
que, ondulante y soñadora,
entre guijarros camina...

Y llega al valle y se inclina
ante Dios pa' que comprenda
todo el mal que a media rienda
trae sofrenando... y de nuevo,
lagrimean dos luceros
mientras ruge la tormenta.


Autor(es): Alfredo Faustino Roldán, Vicente Demarco

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