La farolera

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Dos y dos son cuatro,
cuatro y dos son seis,
seis y dos son ocho
y ocho dieciséis
y ocho veinticuatro
y ocho treinta y dos
San Antonio mío
me arrodillo a vos.

Así cantaba la Farolera
mientras pasaba por un cuartel
y la seguían con sus miradas
un cabo negro y un coronel.
La pretendían dos italianos
caballerizos de un corralón
y discutían mientras limpiaban
con una pala y escobillón.

Yo no quiero novio
que sean en inglés,
ni tampoco tanos,
rusos y francés.
Y si quedo sola
qué le voy a hacer,
antes el convento
que ser de un inglés.

Una mañana, yendo a la feria,
por un descuido se resbaló
y en ese instante la vio un bombero
y gentilmente la levantó.
Era moreno, muy bien plantado,
con los bigotes a lo alemán,
y enamorada de aquel bombero
se vio casada, se vio mamá.

¡Pobre la Farolera!
¿Qué tendrá la Farolera?
¡Ya no ríe, ya no canta!
Pues el bombero trompeta
se burló de la muchacha.
¡Y ella!... ¡Pobre la Farolera!
Enferma del corazón,
en su tibio y triste cuartucho
se le oyó esta canción:

Dos y dos son cuatro,
cuatro y dos son seis.
Virgen milagrosa
yo me moriré.
Y si vuelve un día
no lo trates mal.
Dile que le amo
mucho, mucho más.


Autor(es): Nolo López, Mario Lespés