Candombe oriental

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El día de los candombes
el domingo había de ser,
se bailaba en el “recinto”
mi ciudad bella de ayer.
La fiesta se prolongaba
hasta la puesta del sol,
bailando todos los negros
del tamboril a su son.

Calunga… Caluncangué…
Decían en su cantar,
sensuales sus movimientos
enervantes sin igual.
Calunga… Caluncangué…
Y siga el son del tán-tán,
la negrada enloquecía
con el candombe oriental.

Los amos y las amitas
presenciaban la reunión,
la fiesta de sus esclavos
de notable animación.
Morenos y morenitas
en su sensual viborear,
mostraban sus blancos dientes
como las perlas del mar.


Autor(es): Pintín Castellanos