Don Quijote De Arrabal

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Nació y vive en Mataderos,
y empilcha este setentón
con plumitas de gorrión,
y es la luna su chambergo.
Y jineteando hay que verlo
sobre su monopatín,
del Obelisco al confín
de Buenos Aires al trote,
y lo apodan Don Quijote
por huesudo y por chiflín.

Quijote viejo,
dame un lugar
en tu alma que quiero,
¡canejo!,
con vos andar.

Don Quijote vive en lucha
por salvar el buen pasado;
de Lanús a San Fernando
entre beatles se aventura.
Canta a Carlos de la Púa,
Martín Fierro y Yacaré.
Las antenas de tevé
son sus molinos de viento.
Y anda mal con los borregos
que la trovan en inglés.

Quijote viejo,
dame un lugar
en tu alma que quiero,
¡canejo!,
con vos cantar.

Tras el viejo, en una gata
monta su fiel escudero
que es un gaita almacenero
llamado Pancho Busarda.
Y si anda el flaco en piñatas
parece Pancho un monzón.
Y otras veces, con amor,
si el Gran Coliflor chochea
él le pone pilas nuevas
y compresas de alcanfor.

Quijote viejo,
dame un lugar
en tu alma que quiero,
¡canejo!,
con vos luchar.

Cabalgando cierta noche
su rocinante con ruedas,
creyó ver a Dulcinea
en una nena del norte.
Sintiéndose tan quijote,
tan amante y redentor,
la fue a mimar, y un malón
chinche, tuerca y cajetilla,
lo mandó pa’ la otra vida,
por Tagle y Libertador.

Quijote viejo,
dame un lugar
en tu alma que quiero,
¡canejo!,
con vos amar.

Lo velamos en el alba
sobre una blanca chalina,
mendigos, poetas y yiras
y astronautas en la mala.
Y cazó Pancho la pala
y sobre el cuerpo le echó
la tierra que tanto amó,
y los curdas aseguran
que a besar su sepultura
la Cruz del Sur se bajó.

Pero Quijote
resucitó,
su locura en el alma,
¡canejo!,
la llevo yo.


Autor(es): Horacio Ferrer, Alfredo Sadi