El Malevo Surrealista

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Esta es la historia cantada
del Malevo Surrealista,
más que malevo un artista
de la idea bien pensada.
Su palabra despoblada
de entendimiento y porfía
era una extraña poesía
que batía de querusa
llena de frases confusas
que todo el mundo aplaudía.

“Nunca cae lluvia cuadrada
cuando te sirven la cena”,
decía con voz serena
y enigmática mirada.
“La nada siempre es la nada
y el todo siempre es el todo,
de tarde adverbio de modo
y a la noche mita y mita,
lo que se da no se quita
y el brazo nunca es el codo”.

En medio de la alharaca
de su platea jocunda
tiraba frases profundas
asombrando a las butacas.
Nadie entendía un joraca
pero la masa asentía
y rendía pleitesía
a su decir cotidiano,
“más vale pájaro en mano
que una naranja y dos tías”.

“Los pájaros son domingos
y las plumas verdurita,
la lengua es larga y finita
cuando llegás tarde al bingo.
Y si se casa Peringo
no hay que brindar con cerveza,
al santo no se le reza
si se tiñe de morocho,
jugale al cuarenta y ocho,
a los diez y a la cabeza”.

No lo entendía ni el loro
con internet de cien megas,
pero su verba labriega
aplaudían siempre a coro.
Su decir claro y sonoro
aunque a veces medio opaco
era un enorme libraco
poblado de salvajadas,
su pensamiento brotaba
como agua de los sobacos.

“No me lloren, soy malevo
surrealista y sin apuro,
si no salta no es canguro,
si no estoy quieto, me muevo.
La belleza es como un cebo
–decía bajo las luces–,
que nos atrae y seduce
como copera aburrida,
la verdad está escondida
en la milonga y los bluses”.


Autor(es): Raimundo Rosales, Hernán Genovese