La canción del boyero

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Iba una vieja carreta
por la huella serpenteando,
y el boyero picaneando
despertaba a un buey maseta.

(Perezoso...)

Y en la noche que sombreaba
el camino polvoriento,
llegó a su oído un lamento
que desde lejos se alzaba.

(Silbando...)

Paró el boyero intranquilo,
la carreta pesadona,
y con voz dulce y tristona
oyó cantar este estilo.

Fue un día de madrugada;
volvía de arrear hacienda
y me encontré que la prienda
del rancho se había fugado...
Desde entonces busco al ñudo
matar mis penas con caña,
porque el ricuerdo me araña
y ando siempre lastimao...

(Huella buey...)

Al fin siguió por la huella
el boyero condolido,
sin saber que había tenido
del cantor la misma estrella

(La, lala, ra...)

Y al llegar de mañanita
halló su rancho desierto
y en su fatal desconcierto,
sollozó esta vidalita.

Aunque te hayas ido, vidalita,
para nunca verme.
Jamás al olvido, vidalita,
mi venganza duerme.
Por más que te escondas, vidalita,
por las serranías.
Estas penas hondas, vidalita,
pagarás un día.


Autor(es): Francisco Brancatti, Roberto Díaz

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