El huérfano

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Ante el sepulcro de mi amor
detengo el paso; y esta estrofa
dejaré como una flor...
Y al viento errante doy mi voz,
que él llevará como un adiós.

Un día te cruzaste,
mujer, en mi camino;
yo andaba por la vida
sombrío y al azar;
mi madre se había muerto,
y el dulce amor divino
perdido para siempre
nublaba mi destino.
Ya nada me quedaba
cansado estaba de llorar.

Entonces me encontraste
y yo algo vi en tus ojos
¡radiantes como auroras
de dicha y de ilusión!
Tus ojos no engañaron
las ansias de mi pena,
pues fuiste tú en mi vida
la amada blanca y buena,
¡querida una vez sola
con todo el corazón!

Y ahora me abandonas.
¡Te alejas de mi lado!
¡Me sumes en la noche
tan fría del dolor!
Mi pobre traje humilde
de nuevo está enlutado,
y el huérfano doliente
que ayer has encontrado,
hoy sigue siendo el huérfano
de tu encantado amor.


Autor(es): Francisco García Jiménez, Anselmo Aieta