El almohadón

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Una mano despiadada
tal vez con maldad profunda
vino a romper a la funda
de mi querido almohadón.
Me causó tanta tristeza
al contemplar la rotura
que se llena de amargura
mi sensible corazón.

Me entristezco porque en ella
acaricié dulcemente
yo con cariño ferviente
un semblante juvenil,
en ella aspiré el ambiente
de su boca tan preciosa
perfumada cual la rosa
de una mañana de abril.

En esa funda querida
donde se han marcado flores
alcancé de sus amores
el fruto que ambicioné;
allí reclinó la frente
ella como un tierno niño
y yo con dulce cariño
en los labios la besé.

En ella pude extasiarme
contemplándola dormida
a la mujer que en la vida
supo endulzar mi dolor
escuchando al despertar
de sus labios purpurinos
como de un ave los trinos
bellas palabras de amor.

Pobre funda tú que fuiste
de mi amor la confidente
vino esa mano inclemente
tu tejido a desgarrar,
mas como eres insensible
y nada sabes mentir
así te dejas herir
sin una queja exhalar.

Tú perdonarla no puedes
a la mano que te ha herido
porque eres débil tejido
y no tienes corazón,
mas yo que tengo un alma
donde no existen rencores
sufro por ti los dolores
y por ti doy el perdón.


Autor(es): Andrés Cepeda, Carlos Gardel

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