Derecho viejo

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Oiga usted compañero... si me quiere escuchar...
no crea que soy, amigo, un cuentero:
yo quiero confiarle... a usted... compañero
mi inmenso y cruel dolor...
Quiero desahogar mis penas... siéntese nomás...
y pida algún trago si tiene voluntad...
y preste atención, que ahí va la crueldad
de aquel infiel amor...

Usted sabrá
que cuando el amor
comienza a taconear
sentimos en el pecho
la dulce tentación;
¡sentimos sed de amar
de amar de corazón!...
Y yo también
amé con gran pasión,
amé con gran delirio
y coseché martirios
porque un padecer
me brindó esa mujer,
¡que fue mi perdición!...

Con el alma la quería... y ella fue
siempre mi única ilusión...
pero por otro hombre... como a mí...
¡a su hija abandonó!
Esa hijita tan querida... compañero,
ayer tarde se murió...
¡pero antes de morir, de este modo,
ella me habló!...

¡Padre!... Si la llega a encontrar, dele mi perdón
y dígale también, que aunque ella nos dejó,
¡yo siempre la querré, con todo el corazón
y bésela por mí!
¡Hoy la encontró, compañero... no pude perdonar...
me fui Derecho Viejo... y ahí, a esa vaga,
en nombre de mi hija... la punta de mi daga
besó su corazón!...


Autor(es): Andrés Baldesari, Eduardo Arolas