Brindis de sangre

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Guitarrean las chicharras. Mediodía.
Hay diez pingos aperaos en la ramada.
Huele a sangre y a rencor la pulpería
porque el rubio que se alzó con la María
ha vuelto esta madrugada.
El tape Cruz ya sabía
que su rival volvería
y se la tiene jurada.
Hoy ha llegao ese día.
Al pasar por la ramada
reconoce al pangaré
donde la china se fue
enancada.

Cruz no la pudo olvidar todavía.
Cruz la tiene en la memoria envainada.
Se apea en la silenciosa pulpería
y dentra como hoja afilada.

"Soy el novio de María.
Sirva dos cañas pulpero".
Alza su copa colmada
y dice al rival de un día:
"¡Brindo por la puñalada
que va a dejar estirada
o tu osamenta o la mía!"
Y sobre el pucho, bravía,
la topada.

Hay un revuelo de tira y ataja.
A poncho y cimbra, ninguno se toca.
El tallador del destino baraja:
da vuelta el mazo y la muerte está en boca.
Y frente a la pulpería
sobre el tris de la pelea
un gaucho rubio se enfría
y un pangaré lo olfatea.
Mientras Cruz, al estribar,
se pregunta todavía
por que no se hizo matar
ya que muerto iba a olvidar
a María.


Autor(es): José Suárez, Abel Fleury