Cobrate y dame el vuelto

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Lo que pasa muy seguido
entre marido y mujer,
por no decir entre "novios"
que ya no se pueden ver.

Mira Ñata: es necesario que hablemos como es debido,
porque ya estoy aburrido de hacer el papel de otario.
Vivir así es un calvario; te lo bato con franqueza.
Sacate de la cabeza el berretín de mandar,
que, sino, vas a rajar con tus pilchas de la pieza.

Si caigo una "sera" en curda, suena en fija la milonga
y me gritás meta y ponga: ¡Basura, reo a la gurda!
Hasta que un día, la zurda de tu coso que bien faja
va a empezar a dar baraja y entonces vas a ligar.
Y al rato te "viá" manyar envuelta en una mortaja.

Ni dueño soy de atorrar cuando se me da la gana,
ni batirte: ¿Qué macana hiciste para morfar?
Y si vuelvo de truquear del almacén de la esquina,
dejás de ser gente fina y ya ni el diablo te aguanta
y me la querés dar chanta como si fuera una gallina.

¿Qué te crees, soy el gato tranquilo del mes pasado?
No m'hijita, ya he cambiado de tanto pasar mal rato.
Hoy soy todo un arrebato, mi genio no aguanta más
y si es que estas rechiflada con mi manera de ser,
ya mismo podes volver con tu mamá, ¡desgraciada!

Aquí mando yo, señora, y oiga lo que estoy batiendo.
Así que vaya sabiendo quien es el que bronca ahora...
Y la Parda sobradora lo escuchó con mucha cancha,
le hizo hacer la pata ancha y sin decirle, ¡atajate!
le partió al ciruja el mate con el filo de la plancha.


Autor(es): Enrique Dizeo, Miguel Caló

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