Sonatina

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Las copas ya vacías
sobre el frío mostrador,
en cada copa un sueño,
una lágrima, un rencor.
Y siguen la rutinas,
la vieja sonatina,
llorando en la neblina
del humo y del licor.
La turbia indiferencia
del que va para olvidar,
la otra indiferencia
del que toma por tomar.
Reniega de tu pena,
gastada pero ajena
y al fin te quedas solo,
como una copa más.

Con tu violín descolorido
y con tu alma de arlequín,
seguís andando sin olvido,
de cafetín en cafetín.
Tu vieja y triste sonatina,
parece, en cada bodegón,
una esperanza que camina
bajo un cielo de neblina
arrastrando un corazón.

Y sigues noche a noche,
desnudando tu violín
y vas de mesa en mesa
con tu alma de arlequín.
Tu alma empecinada
que nunca encuentra nada,
buscando en las cantinas
y en cada cafetín.
Buscando una sonrisa,
una lágrima nomás,
buscando quien comprenda
la amargura que hay detrás,
de cada madrugada
cuando solo te quedas
mirando las monedas
que no te llevarás.


Autor(es): Abel Aznar, Marcelino Hernández