Carbonada

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La luz de mi candil;
rayito de un querer, ¡un día se apagó!
Mi gaucha, murió de improviso,
y éste varón, ¡a oscuras se quedó!...
¡Vivía en un paraíso
pero el audaz Mandinga se ensañó!
¡Velay! ¡No sé qué hacer!
La veo en mi visión; no la puedo olvidar.
Su apodo, era Carbonada:
fue siempre fiel, no había que dudar;
y aunque era de cara tostada
su corazón me supo conquistar.

¡En mi pobre rancho de terrón
tayó el destino cruel
copando mi ilusión!
¡Desde entonces me dejó mancao
y lloro sin querer
el mal que me ha tocao!
Una lechuza se posó
sobre un horcón,
y aquella noche me chistó
¡su maldición!...
¡Al darme un triste adiós
y un beso pasional
mi Carbonada se alejó con Dios!...

Mi guitarra que cantó
mi santa paz,
hace rato enmudeció,
¡no canta más!...
¡Es que el cuervo de la angustia
me persigue por demás!...
En el lazo del amor
que yo trencé,
sólo había pa’ dulzor
tientos de fe;
¡pero se cortó de golpe
y al dolor yo me entregué!...


Autor(es): Francisco Brancatti, José Martínez

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