Qué querés con tu elegancia


Ojo al Cristo, compañero, que allí viene “Vichenchino”
el rey de los garroneros, cachafás y tiburón.
Abran cancha, denle paso, ni una palabra siquiera
y si p’aquí se endereza, por mi cuenta déjenlo.
“Che Mingucho”, con cautela, como mirando pa’l cielo
de un vistazo de soslayo y juná si se cortó
que ahí nomás en cuanto largue yo le vi’a para el carrito
a este pobre garabito, gran vivillo de ocasión.

Ya me tiene tan esgunfio este tipo
que no con soda no lo puedo más pasar
y pa’ que vea que no me cacha de otario
el esquinazo muy tranquilo le vi’a dar.
Si pregunta el motivo de mi esquive
derecho al grano me le voy sin más que hablar
porque los giles de mi tierra se acabaron
¡Qué quiere amigo... dónde vamos a parar!

Se va en pinta su silueta, todo es pura fantasía,
y engrupir quiera a la gente con su dique de bacán.
Pero al pobre lo han junado que su pinta es fulería
porque siempre anda en la vía, sin tener para morfar.
Atorrante con levita, gil a cuadro derrotado,
en capilla ya te tengo pa’ poderte despachar.
Sos un muerto que camina, ¡qué querés con tu elegancia!,
te podés rajar pa’ Francia porque aquí ya no cortás.


Autor(es): José Domingo Aiello, Carmelo Saponaro