Saltando charcos


Saltando charcos voy,
por mi ciudad y llueve sobre mí.
Me llega un resplandor,
caudal de luz, que enciende un rumbo gris.
Yo sé que llegaré, mojado y fiel,
a cierto turbio bar.
La lluvia cae sin piedad,
sin advertir que tengo ya
desnudo el corazón.
No siento más mis huesos ni mi piel
que tanto viento atroz,
furioso castigó al pasar.

Retumba un trueno en la noche
—bocina del cielo—
y muero ya
de ganas de llegar.
Saltando voy,
tan débil y de a pie,
que sólo soy
una hojarasca más.
Y a nadie ya
le importa si jugué
mi corazón, mi paz
y el resto de mi fe.

Sigo mojándome, la lluvia gris
no sabe de mi ardor.
Ni que tras alguien voy,
colmado de ansiedad y amor.
Y que si ella me espera,
tras esa vidriera,
sabremos los dos la manera
de que salga el sol.


Autor(es): Héctor Negro, Saúl Cosentino