A mi hijo


De tanto andar y andar por esta vida
mi alma quedó llena de alegría
y entonces se hizo carne la poesía
que en mi sentir siempre existió.

Y así naciste tú, mi hijo querido,
contento del placer de muchos mimos
llenando nuestro mundo de sonrisas
de amor y tanta felicidad.

Y fuiste tú, quien surgió de mí
de mi pasión voraz por ser feliz
y fuiste tú quien me despertó
el ansia da amar y ser mejor.
Sos, hijo mío, con tu luz
el que trajo su paz enseñando a vivir.
Sos el que regalo a mi amor
la potencia de ser el motor de mi vida.

Qué fácil fue aprender y comprender que
el puro amor es tan sencillamente
sentirme muy dichosa con tan solo
entregar todo mi amor.

Te miro, te abrazo y te beso
y siento que eso llena mis sentidos,
que nutre mi alma para que yo pueda
llevar a todos mi amor.

Y fuiste tú quien me enseñó
la fe que surge de un amor así
y fuiste tú quien logró encender
el fuego de amar a todo ser.
Sos, hijo mío, con tu luz
el que trajo su paz enseñando a vivir,
sos el que regaló a mi amor
la potencia de ser el motor de mi vida.


Autor(es): Georgina Vargas