Cuidame a mi madre


Señor que todo puedes...
si es justa tu bondad.
Si cuando tú lo quieres
previenes padeceres
y apartas a los buenos de toda adversidad.
¡Escúchame este ruego!
¡Ayúdame a confiar!
Y muéstrame que es cierto
que tú eres justo y bueno,
para que yo no pueda dudar de tu piedad.

¡Cuídame a mi madre,
que nada le pase,
y alarga sus horas de felicidad.
¡Haz que yo sea bueno!
Que nunca, ni en sueños,
pueda hacerle nada que la haga llorar.
Ella está en la idea
que del cielo tengo.
Y acaso, en mi credo también es un Dios...
¡Te la recomiendo
y si algo le pasa;
yo de tu justicia, dudaré señor!

No sé si es un milagro
lo que pidiendo estoy.
Tan sólo yo comprendo
que a tu justicia apelo,
porque ella se ha ganado, por buena, tu atención.
Y aún cuando, por ser madre,
llevada por su amor,
un día, por salvarme,
de ti pueda olvidarse;
merece como nadie, tu consideración.


Autor(es): Carlos Bahr, Raúl Bruno