El hombre del bandoneón


I
Como viento de penas que se esconde
en los brindis del hombre con la muerte
se aferró al bandoneón alguna noche
con la copa vacía de la suerte.

Es la vida que vuelve en cada tango
con la mística indócil de su fueye,
es un árbol frondoso y es un puente
sostenido en los bordes de un amor.

II (Estribillo)
Su voz frasea un solo de tristeza
y escupe la verdad del que perdió
y en sus ojos lagrimea
una musa en la corchea
de ese tango que aún no se escribió.

A fuerza de meterse en sus asuntos
sus manos se volvieron bandoneón:
la derecha que se enciende
como un pájaro rebelde
y la izquierda directa al corazón.

I Bis
En las íntimas notas de su acento
es misterio y asombro y osadía
y en el mágico abrazo a su instrumento
lo más hondo se vuelve melodía.

Suelen verlo en la otra Buenos Aires
la del humo en los ojos del pecado
desmuriendo en el nácar demorado
de un teclado que afina en su dolor.


Autor(es): Raimundo Rosales, Raúl Garello