Cantor de fonda


Las penas y las deudas le cuelgan de los ojos
mientras el tango muere bajo su voz nasal.
Camina por la fonda como inspector de tucos,
y va de mesa en mesa, como el queso y la sal.

Románticos boleros hacen enfriar las sopas
y un ruido de cucharas ahogan el final.
Y el mantel se hace pampa cuando pasa la zamba
de manchas de grasa y miguitas de pan.

Desahuciado trovero de la fonda porteña,
si es que buscas la gloria, ya la encontraste tú,
en esa extraña gorda que llora mientras come
su plato de “osshobuco” con todo el caracú.

Clientela de nocheros te escucha indiferente
el industrial, el punga, el burrero, el artista...
y el único que siempre te observa atentamente
pertenece a la fauna de los adicionistas.

Cuando la madrugada te llama tras los vidrios,
con la viola y diario te vas a la pensión.
Yo te imagino triste, como está la guitarra,
cuando el cantor la aprieta contra su corazón.


Autor(es): Atahualpa Yupanqui, Ángel Cárdenas