Triste espejismo

Colgada de la noche,
con el gusto amargo del último tango,
viajás hasta el silencio que alquilás
a medias con tu soledad.
Detrás quedó la risa frágil del licor
y un préstamo de piel a cambio del barniz
que pueda camuflar tu vida sin color,
para poder seguir.

Princesa desteñida de acunar
ensueños que no se cumplieron.
Te ve la madrugada regresar
a un mundo que te queda mal.
Y allí, sin arrugar la seda ni el rencor,
te desnudás la vida muerta de morir
y en cinco miligramos procurás
olvidos con olor a fin.

Todo fue un triste espejismo:
la magia, los duendes y el hombre soñado.
Alguien pasó por tu lado
quemando tu joven manera de amar.
Protagonista de un cuento,
de un breve momento que ya terminó.
Hoy, con los sueños gastados,
vendés el pecado de tu corazón.

Ayer, por la mañana de tu adolescencia
caminó la vida.
Tramando fantasías sobre el rojo vivo
de tu voluntad.
Abierta en el misterio loco de crecer
erraste, mariposa, tu destino azul
quemándote las alas
en la llamarada que forjó tu cruz.

Hoy tiembla tu silencio
de muchacha oscura sobre la rutina.
De un último lenguaje
que de mano en mano te conjuga mal.
Ya es tarde para odiar la turbia condición
de hacer con la verdad cometas de papel,
ya está tarde para andar buscando sin hallar
lo que no pudo ser.


Autor(es): Mario Iaquinandi, Reynaldo Martín