Con el dedo en el gatillo


Uno no es un amargado; pero vive medio chivo
por las cosas de este mundo con su cruel contradicción.
Cuando estás vivo y coleando te mezquinan pan y abrigo
y después te compran flores cuando estas en el cajón.

Te disputan el marroco que a tirones vas ganando;
en la riña por el mango te la dan sin avisar...
y después, con esa guita que a vos mismo te sacaron,
quieren darte una limosna pa' mostrarte su bondad.

Hay que ver como te atienden con el dedo en el gatillo,
te empaquetan y despachan en el mismo mostrador.
Si te alargan una mano, ya podrás gritar ¡auxilio!
y apretarte los bolsillos por si es manga o manotón.

Y aunque dejes los pulmones en el trágico entrevero
tironeando en la porfía de ganar con tu verdad,
afanados por la angurria de comerse tu puchero
no te dejan ni el consuelo miserable de empatar.

Te uti1izan y te cuelgan. Y de paso, todavía,
se hacen ver como si fueran los que te hacen el favor.
Y aunque vos quieras reírte al final no te da risa
ni siquiera con cosquillas y aunque es gratis la función.

Te sonríen y te afanan. Te dan y te palmean
como quien no quiere nada, no te dejan ni un botón.
Y si es duro lo que digo, al ingenuo que no crea
con que muestre una moneda, que le salven la ilusión.


Autor(es): Carlos Bahr, Roberto Garza