Violetas


Estas violetas que ayer
me diste cariñosa, con tanto fervor,
las guardo como emblema de un querer,
que vieron ya mis ojos fenecer
entre la espeso bruma de un hondo dolor...
Ellas, tal vez, me dirán
en su lenguaje mudo con fría expresión:
que en vano espero que ha de regresar
el ave del amor que supo dar
un mundo de gorjeos mi corazón...

Y en esta lucha del mal
con la copa de mi juventud,
bebo el vino mortal
de la fuente de tu ingratitud...
Pues, el destino fatal
ha extinguido mi flor de virtud;
y juntita a las violetas
que me diste un día,
la melancolía
de mi desencanto,
me castiga tanto
¡que no puedo más!...

Triste mi alma quedó,
marchita y sin consuelo siguiendo el azar...
Igual que las violetas se agostó
y todo su perfume ya perdió
para nunca en la vida volverlo a encontrar.
Piensa que siempre yo fui
yu alegre cancionero más espiritual,
que cuando mis cantares te ofrecí
mil veces con ardiente frenesí
¡me juraron tus labios cariño inmortal!


Autor(es): Francisco Brancatti, Juan Maglio