Me levanto con el pie izquierdo,
le piso la cola al perro.
La radio habla de guerra
y el sabor del café es lamentable.
Las cañerías están heladas
y han cortado la luz:
se lo voy a decir a mi chica
y recuerdo que ya hace un mes que me dejó.
Estas cosas nunca les pasan a los muertos.
Bajo la losa, a ellos qué más les da…
Para ir de cráneo todo el año, de verano a verano,
poniendo la mejilla siempre que haga falta
y haciendo de la vida
una vil mentira,
es indispensable
estar aún vivo.
Saludo, bajando la escalera,
a la muchacha del Principal.
La lívido se me embala y
más tarde, en la Diagonal,
pensando en sus tetas,
freno demasiado tarde
y, tenía que pasar, me incrusto por detrás
en un coche de la policía municipal.
Estas cosas nunca les pasan a los muertos.
Bajo la losa, a ellos qué más les da…
Para ir de cráneo todo el año, de verano a verano,
poniendo la mejilla siempre que haga falta
y haciendo de la vida
una flor mustia,
es indispensable
estar aún vivo.
Al salir de comisaría,
me coge de lleno un chaparrón
Los taxis están en Turquía
y el metro está colapsado.
Llego a las tantas al trabajo
y cuando me ve el jefe
mi contrato se adentra
en el pantano del paro hasta perder pie.
Estas cosas nunca les pasan a los muertos.
Bajo la losa, a ellos qué más les da…
Para ir de cráneo todo el año, de verano a verano,
poniendo la mejilla siempre que haga falta
y haciendo de la vida
un diente podrido,
es indispensable
estar aún vivo.
Me meto para emborracharme
en un bar poco iluminado,
y salgo de el con una tal Carmen,
camino de un hotel de paso.
Pero cuando le veo la polla
cambio rápidamente de planes…...
Huyo como una bala,
resbalo por las escaleras y bajo cuatro rellanos de cabeza
Estas cosas nunca les pasan a los muertos.
Bajo la losa, a ellos qué más les da…
Para ir de cráneo todo el año, de verano a verano,
poniendo la mejilla siempre que haga falta
y haciendo de la vida
un desastre a medida,
es indispensable
estar aún vivo.
Me despierto de madrugada
en el catre de un hospital.
Tengo una pierna enyesada
y conmoción cerebral.
“Mañana será otro día”,
me dice un enfermero al pasar.
Yo murmuro con filosofía:
“Pues si se parece a éste, más vale palmarla.”
Estas cosas nunca les pasan a los muertos.
Bajo la losa, a ellos qué más les da…
Para ir de cráneo todo el año, de verano a verano,
poniendo la mejilla siempre que haga falta
y haciendo de la vida
una gran quiebra,
es indispensable
estar aún vivo.
En Barcelona tenemos la suerte de poder disfrutar de una cada vez más numerosa comunidad de artistas argentinos que habitan la ciudad y que enriquecen nuestra vida cultural. Con pocos días de diferencia tres de ellos han presentado sus respectivos trabajos discográficos en diversos espacios: en una librería abierta a la música, en la sede de un extraordinario refugio asociativo de Sants y en el auditorio de una biblioteca histórica.
La cantante mallorquina ofreció en el Palau de la Música de Barcelona, dentro del festival Guitar Bcn, un concierto de intensidad creciente en el que L’aigua no cansa, su nuevo disco, se convirtió en el auténtico centro del repertorio. Arropada por una banda de músicos extraordinaria, Maria del Mar Bonet volvió a demostrar que, cerca de cumplir sesenta años sobre los escenarios y los ochenta de vida, sigue instalada en un momento creativo y vocal fuera de lo común.