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A propósito del nuevo disco de Serrat

Retornos de lo vivo lejano

por Luis García Gil el 26/02/2010 

Serrat ha regresado a la poesía de Miguel Hernández con Hijo de la luz y de la sombra, un álbum muy diferente a nivel conceptual del primero que dedicara al poeta en el lejano 1972.


Joan Manuel Serrat
© Juan Miguel Morales

Aquel primer álbum hernandiano sigue asomando como uno de los mejores y más intensos de toda la carrera de Serrat. Nació de muchas idas y venidas hasta concretizarse en el estudio de grabación bajo la batuta impecable de Francesc Burrull. El primer Miguel Hernández de Serrat fue fruto de unas circunstancias muy específicas, ubicándose en una época enormemente creativa del cantautor, un año después de grabar el inmenso Mediterráneo.

 

Aquel disco del 72 resultaba conmovedor de principio a fin. En él prevalecía una visión melancólica de la poesía de Hernández, víctima dolorosa de la guerra civil, símbolo de todo lo que el franquismo despreciaba. La poesía de Hernández viajaba en la voz de Serrat como unidad de destino, como si aquellos versos hubieran esperado que Serrat los cantara y los incorporara a su propia manera de entender la canción. Ya sabemos lo que significó aquel disco y el de Antonio Machado en aquella España necesitada de poetas no oficiales y de ventanas abiertas por donde pudiera entrar el aire de la libertad.

 

Ahora el paisaje es distinto. Por fortuna no existe ya aquella dictadura a la que oponer luchas, canciones y poemas y tampoco existe la revista musical Mundo Joven en la que José María Iñigo escribía sobre Serrat y Hernández en noviembre de 1972, vísperas de la publicación del primer disco del cantautor dedicado al poeta. El paisaje es otro pero lo que no cambia es que Serrat permanece fiel a ciertas constantes y a ciertos principios, regresando a la senda apasionante del poeta amordazado, de corazón desmesurado como lo vio José María Balcells, y que alcanzó su plenitud lírica en el Cancionero y romancero de ausencias. Ahora puede decirse que Serrat se ha decantado por una interpretación más luminosa de Hernández, menos pesimista, menos oscura, más profunda en cuanto a la selección de los poemas, menos en cuanto a la atmósfera lírica, atendiendo a casi todas las etapas del poeta, excluyendo como en el primer disco el libro inicial Perito en lunas, tan difícil de cantar pero al que resulta obligado acudir para vislumbrar al gran poeta formal y metafórico que era Miguel Hernández.

 

Serrat ha vuelto a hacer suyo a Hernández a través de trece canciones-poemas, trece estampas del poeta, trece paisajes de vida, amor y muerte, trece momentos líricos de variable intensidad que complementan su visión del poeta. Los arreglos de Joan Albert Amargós ofrecen momentos puntuales de magnífica belleza, sobre todo en aquellas canciones de corte más intimista. Hay canciones en la que la introducción de los coros resulta contraproducente. En este menester aparece gente afín al universo serratiano como Jofre Bardagí, Carme Canela o Laura Simó pero la sensación es que sin estos coros las canciones hubieran quedado mejor. Ello es muy perceptible en el tema que da nombre al disco.

 

En la parte musical Serrat se ha rodeado de algunos de sus músicos de confianza. Para empezar Ricard Miralles cuya aportación resulta siempre indispensable en el universo sonoro del cantautor. Se agradecen también la personalidad de las guitarras de David Palau o del bajo de Víctor Merlo, habituales en las últimas grabaciones serratianas. No faltan en el ropaje de las canciones cierto complemento orquestal con los violines de Pere Bardagí y Olvido Lanza o el acompañamiento de violas y cellos. Resulta novedosa la aportación de la armónica de Antonio Serrano en algunos de los temas. El propio Hernández solía tocar la armónica en sus horas de soledad.

 

Hijo de la luz y de la sombra lo conforman los siguientes cortes:

 

UNO DE AQUELLOS: El soneto original de Hernández se titulaba “Al soldado internacional caído en España”. Poema incluido en Viento del pueblo que precede en este libro al famoso “Aceituneros” que tanto popularizó Paco Ibáñez. Serrat obvia dos versos de los tercetos: “España te recoge porque en ella realices” y “desplegando en la tierra sus más férreas raíces”. Buen arrope instrumental con cierta carga épica para el primer corte del disco que difumina el soneto para concebir un estribillo en torno al título de la canción. La armónica de Antonio Serrano confiere una sonoridad desconocida en el cancionero de Serrat que se repetirá positivamente en otros cortes del disco. Muy hermoso el cierre de la canción con la voz de Serrat elevándose y el cierre de la armónica.

 

DEL AY AL AY POR EL AY: El piano de Miralles como sutil preámbulo de una pieza delicada, hija de la copla y de la tonalidad andaluza. Los coros de Jofre Bardagí y compañía resultan a mi modesto entender inapropiados. El poema original es mucho más largo y no pertenece a ningún libro específico del poeta englobándose entre sus Poemas varios fechados entre 1933 y 1934. Buena interpretación de Serrat que canta a Hernández con la convicción esperable.

 

CANCION DEL ESPOSO SOLDADO: Uno de los cortes más líricos del disco. Excelente arreglo de Amargós y bella introducción con la batería de David Simó en primer término. Por momentos el vuelo instrumental con el refuerzo de la trompeta de Jaume Peña evoca a pasajes de discos como El sur también existe o de Cada loco con su tema. Este poema amoroso y urgente de Hernández aparece en Viento del pueblo. Poesía desde la trinchera y alabanza a la amada que espera un hijo del poeta. Serrat omite varias estrofas pero respeta la primera de ellas cuyo primer verso, “He poblado tu vientre de amor y sementera”, abre la canción.

 

LA PALMERA LEVANTINA: Serrat, que le ha cantado al olivo centenario y a la encina verde que desafía a la muerte, le canta de la mano de Hernández a la palmera levantina. Este poema de sones mediterráneos está fechado en 1932 y se incluye en el conjunto de primeros poemas del poeta oriolano. Reaparece en la canción la armónica de Antonio Serrano destacando también las percusiones de Luis Dulzaides. Un tema vitalista y fresco que encaja bien en esta manera plural de entender a Hernández por parte de Serrat.

 

EL MUNDO DE LOS DEMÁS: Una gran canción. Primera referencia del disco al sublime Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941). Serrat realiza una gran interpretación del poema fundiéndose a la cosmovisión hernandiana. El cantautor crea con acierto un estribillo a partir de dos versos del poema: “El mundo de los demás/ no es el nuestro: no es el mismo”. Se omiten algunos versos pero la esencia del poema no se pierde.

 

DALE QUE DALE: La pieza más corta del disco. Un tema menor que no aprovecha la presencia de Miguel Poveda e insiste en los machacones coros. El poema original se titula “Silbo del dale”, integrándose en los silbos del poeta incluidos en las recopilaciones de la obra del poeta en la sección de Poemas varios.

 

CERCA DEL AGUA: Preciosa balada, ejemplar maridaje de la voz y la música de Serrat con el poema de Hernández. La armónica de Antonio Serrano confiere al tema una densidad especial. Segundo poema del Cancionero y romancero de ausencias. Se respeta el poema en su totalidad repitiéndose el pareado inicial: “Cerca del agua te quiero llevar/ porque tu arrullo trascienda del mar...”. Otra pequeña joya empapada de mediterraneidad.

 

EL HAMBRE: Única referencia del disco a El hombre acecha. Poema muy largo que como es lógico Serrat ha de recortar para hacer más accesible. Aún así es la canción más larga del disco. Muestra de la poesía comprometida, sufrida del poeta, que reparte su luz a quien lo necesita. “El hambre, tened presente el hambre…”, clama Serrat en el estribillo de una canción discreta, con aire de tango y vinculable en más de un aspecto a “África”, una de las canciones de Versos en la boca.

 

TUS CARTAS SON UN VINO: Otra de esas pequeñas piezas de cámara de Serrat, intimistas y sin adornos superfluos. El poema original tenía un título elocuente: “A mi gran Josefina adorada”. Declaración de amor del poeta que no forma parte de ninguno de sus libros y entra dentro de los denominados Poemas varios. Serrat intercambia ligeramente el orden de las estrofas. Los versos de arte menor del poeta facilitan con su ductilidad manifiesta su conversión en canción. Serrat es más Serrat cuando se refugia en ejercicios de puro lirismo como el que encarna este pequeño poema. Buena canción.

 

SI ME MATAN, BUENO: El esperado contrapunto llega con esta canción que recuerda en demasía en su concepción musical a pasajes de Versos en la boca como “La mala racha”. Retornan los coros, una cierta sonoridad cubana y ciertos vicios. Versos premonitorios del poeta de Orihuela que provienen de la obra de teatro Pastor de la muerte, fecundada por el poeta en 1937.

 

LAS ABARCAS DESIERTAS: En la mirada de Serrat vibra el Hernández más desconocido como el de este tiernísimo poema que se ubica en una relación de versos del poeta no incluidos en libros y que se fechan entre 1938 y 1939. La voz de Serrat suena reposada y matizada en este vivido retrato de la infancia de Hernández en el que la pobreza viste el recuerdo de la noche mágica del cinco de enero. Buen arreglo de Amargós.

 

SÓLO QUIEN AMA VUELA: Alusión a los Poemas últimos de Miguel Hernández. Una canción vibrante, muy bien construida, con la presencia familiar del violín de Pere Bardagí, tantas veces en los créditos de los discos del cantautor del Poble Sec. Serrat concibe un certero estribillo a partir del poema original que Hernández tituló “Vuelo”. Vuelven a omitirse varias estrofas en una interpretación inevitablemente sesgada del poema original.

 

HIJO DE LA LUZ Y DE LA SOMBRA: Una obra maestra, si no fuera por los coros que lastran el tema. Serrat sintetiza maravillosamente las claves de este poema-tríptico de Hernández que se halla entre lo más preciado de su poesía amorosa. Interpretación redonda de Serrat, probablemente la más intensa de todo el disco.










 
  

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