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Entrevista a Enric Hernàez

«Espero no llegar nunca a la meta»

por Núria Martorell el 10/03/2010 

Enric Hernàez es un cantautor del barrio barcelonés de Gràcia (1957) de sólida formación musical y de mente abierta e inquieta.

En los años 80 alumbró nuevos caminos para la canción catalana, construyendo una carrera distinta, dejando patente su fascinación por el rock y, sobre todo, la música brasileña. En el 2000 publicó Oh poetas salvajes (El Europeo), considerado uno de los mejores trabajos de la canción de autor contemporánea. Y en su último disco, No t’oblido ni quan l’aspra nit s’obre (2008) puso música a los poemas de David Castillo. Ahora está a punto de vestir de largo su original cancionero con la grabación de un trabajo en el que repasará su carrera: 30 años de compromiso con la calidad, siempre fiel a sí mismo.

 

 

¿Cómo se enfrenta a este primer disco en directo y también el primero de carácter antológico que editará a raíz del concierto del próximo jueves en la sala Luz de Gas de Barcelona?

 

Básicamente, con mucha ilusión y muchas ganas. Hacía mucho tiempo que tenía ganas de re-trabajar las canciones que había hecho pero la difícil situación del sector no me lo permitía. De ahí que la oferta del Festival de Barnasants de grabar un disco y editarlo bajo su propio sello discográfico ha sido una bendición. Y más teniendo en cuenta que me sirve para festejar el 30º aniversario de la publicación de mi primer disco.

 

Usted, que no dudó en utilizar sintetizadores en sus primeros discos, va y ahora se hace arropar por instrumentos antiguos originales, concretamente por dos violas de gamba. Resulta cuanto menos curioso, ¿no?

 

La idea era desnudarlas y sacarlas del contexto original, de los arreglos de los años 80, de ese uso y abuso de los sintetizadores y de los efectos que a veces escondían la canción, y buscar así su esencia. Al principio pensé en hacer un concierto yo solo, con guitarra y piano, pero luego cambié de idea y mi primera intención fue hacerme acompañar por dos violonchelos, pero pensé que el sonido sería demasiado romántico y lo que buscaba era una sonoridad más ‘rota’. Entonces opté por un contrabajo, buscando una lógica a este nuevo contexto en el que también incorporo voces de coristas, una guitarra eléctrica y flamenca, y el sonido de un laúd para la pieza L’home estàtic de Pau Riba que cantaré con la colaboración de Gerard Quintana.

 

¿Y por qué ha invitado sólo y concretamente a Gerard Quintana a compartir micrófono con usted?

 

Después de muchas coincidencias muy curiosas con él, desde elegir un mismo poema de Núria Martínez-Vernís hasta que ambos colaborásemos con David Castillo. Lo último fue saber que él también quería recuperar esta gran canción de Pau Riba. Es como si el destino nos quisiera unir. Y, de hecho, será el tercer concierto en el que coincidamos, aunque en esta ocasión los arreglos serán diferentes, acordes con la grabación en directo.

 

Para que los que no sepan sus orígenes, quizás sea necesario recordar que a los 14 años ya formó un grupo de música, Somni (sueño, en castellano). Pero, ¿a qué edad debutó en solitario?

 

Me presenté en la mítica sala Zeleste de la calle Plateria con 19 años como cantante.

 

¿Qué le impulsó a dedicarse a la música?

 

Desde muy pequeño sabía que me quería dedicar a la música o a ser futbolista (más concretamente delantero del Barça). La música me ha dado y todavía me da una manera de ver la vida; le añade otra dimensión.

 

Pero, ¿hay antecedentes artísticos en su familia?

 

Mi madre tocaba el piano; mi abuelo cantaba y tocaba el chelo; mi abuela era profesora de piano; mi tío dirigía corales… Y yo tenía en casa un piano para jugar, no para estudiar.

 

Una de sus primeras composiciones Koki, que coescribió con Miki Espuma, del grupo teatral La Fura dels Baus, fue un éxito y muchos jóvenes aprendieron a tocar la guitarra con esta canción sin saber de quién era la autoría. De hecho, nunca la grabaron. ¿Por qué?

 

Esta es una canción que no nos la planteamos para cantarla. Murió un amigo en un accidente de coche y esa misma tarde después del entierro la compusimos. Lo curioso es que de repente empezó a moverse sobretodo en el circuito de colegio de monjas…

 

Y tras comprobar el éxito, ¿no tuvieron tentación de incluirla en algún disco?

 

No, no. Qué va. Como nadie sabía de quién era, hubo quien se la otorgaba… Recuperarla ahora, por ejemplo, sería imposible. Es una de las cosas bonitas que me han pasado… Los niños de 16 años que la compusimos ya no están aquí. Y la historia es suficientemente bonita para que siga así.

 

¿Y qué recuerdos guarda de su primer disco, Carme?

 

Tuve una suerte enorme. Entré en el estudio con Antoni Parera Fons, con una orquesta formada por grandes como Josep Maria Bardagí, el batería Santi Arisa. Lo más selecto estaba allí. Aprendí muchísimo. Entré como un niño con muchas ganas de trabajar y al cabo de 15 días salí hecho un hombrecito.

 

Y ya en su segundo disco afloró esa influencia brasileña que tanto marcó su carrera. El disco lo tituló Una foguera de Sant Joan en ple gener e incluía un par de adaptaciones de Chico Buarque y Caetano Veloso.

 

Ya hacía tiempo que tenía querencia por Brasil. Estuve en ese país y a la vuelta me vi componiendo bossa nova. Todo lo que había mamado se traducía en canciones que me salían con acordes y armonías de este estilo. En este disco todas esas influencias eran muy evidentes. Y Buarque y Veloso quise que estuvieran presentes de alguna manera porque son mis grandes maestros y referentes.

 

Pero fue con su tercer disco, La tardor a Pekin, con el que consiguió un merecido éxito, con canciones claves como Carta. ¿Qué significó esta pieza para usted?

 

Fue una carta, como el título indica, muy importante. La compuse volviendo de Río de Janeiro. No podía dormir y en una de esas bolsas de papel para el mareo escribí la letra. Pasó el tiempo, se la enseñé a Joan Bibiloni, la empezamos a tocar y la grabamos, pero nunca pensamos que tuviera tanta influencia con el paso del tiempo. Que una cosa así de íntima acabara siendo el sencillo del disco y tuviera tanta repercusión.

 

Con el siguiente disco, Gente, cambió de idioma y se pasó al castellano. ¿Qué le motivó a dar ese paso?

 

Fue un disco complicado, muy barroco. Dispusimos de demasiados ordenadores y sintetizadores y perdimos el control.

 

¿También perdió el control idiomático? ¿Tuvo muchas críticas por dejar de lado el catalán?

 

Solo algunas, pero no lo recuerdo. Realmente, de mi carrera prefiero guardar buenos recuerdos y nunca he entendido las posturas extremas de los demás. De hecho, nunca me he considerado un cantante bilingüe. Si un día me ofrecen grabar un disco en finlandés a lo mejor lo hago y no por eso seré un cantante finlandés. Mi lengua es el catalán. Y ojalá me pidieran en Francia que cantara en francés, por ejemplo.

 

¿Cómo vivió usted todo el fenómeno de la nova cançó?

 

La viví porque mi familia compraba los EP que iban saliendo y seguían Radio Scope, con Salvador Escamilla. A mí me gustaban especialmente Joan Manuel Serrat y Quico Pi de la Serra. Y todavía me gustan.

 

Su primer disco en formato compacto fue Llunes del Passeig de Gràcia de 1993. ¿Cómo vivió el cambio de formato?

 

Mal. Todavía lo llevo mal ahora. Me gusta mucho el vinilo: un objeto precioso en vez de una caja de plástico. Pero entonces era como doctorarse en las nuevas tecnologías. Lo más interesante de ese disco es que empecé a grabar con todos los músicos de base tocando a la vez, algo que he seguido haciendo desde entonces.

 

¿Cómo definiría su propuesta artística?

 

Tendría que detener mi carrera para poderlo decir. Voy haciendo según voy encontrando cosas. No las busco… Supongo que intento crear un mundo armónico bastante propio, pero creo que una de las cosas que me pueden caracterizar es este tipo de armonía, de melodía, que puedo hacer correr por distintos caminos sin perder la identidad, sin hacerme extranjero en ningún lado.

 

¿Qué le parecen los nuevos grupos de pop en catalán que están consiguiendo hacerse un hueco en el actual panorama musical?

 

-El problema en nuestro panorama cultural no es aparecer, es subsistir cuando dejas de ser novedad. Hay mucho trabajo por hacer (y no es problema de los artistas) para que un descubrimiento sea el inicio de una carrera. Pero agradezco de las últimas hornadas la frescura de sus músicas.

 

¿Qué meta le gustaría alcanzar a alguien como usted que ya ha conseguido ‘360 llunes’ (así es como titulará este próximo disco que grabará en directo)?

 

Mi meta es seguir componiendo, cantando… La meta como final de etapa o de carrera no me interesa. Espero no llegar nunca.

 

¿Cree que su carrera hubiera tenido otro impulso si hubiera conseguido ayudas (de cualquier tipo)?

 

No es cuestión de hacer ciencia ficción. Esto es lo que hay.










 
  

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