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Patricio Manns contra teleserie de Chilevisión: «Manuel Rodríguez pasa culeando y ni dispara»

MEDIOS el 07/06/2010 

Patricio Manns encuentra una “estupidez” El Guerrillero del Amor y no le gusta la versión rockera de su canción El cautivo de Til-Til que usaron para musicalizar la teleserie. Tras siete años de silencio, el escritor y cantautor saca nuevo disco y, acá, habla de su pasado como dependiente de una farmacia, de la odiosidad que le tiene Camilo Marks, de su rol en el FPMR y de literatura chilena.

Por Macarena Gallo para The Clinic


Patricio Manns
© Alejandro Olivares
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¿Por qué tardaste siete años en sacar un disco?¿Qué estuviste haciendo, musicalmente, todo este tiempo?

 

-Nuestros sellos están todos quebrados. Tengo contrato con Alerce y está incapacitado de producir discos nuevos. Así que nos presentamos a uno de estos concursos, no sé cuál, y uno de ellos nos pasó cinco millones para hacer andar el proyecto. Junté a los músicos y la cosa anduvo medio rápido. En este tiempo he estado trabajando en dos libros, trabajando en una Cantata Bolivariana para la cosa del Bicentenario en Venezuela y en este disco que tiene canciones nuevas. Le dimos un cáracter un poco ecológico.

 

Tiene una canción sobre Pascualama.

 

-Los ríos de Chile tienen dueño y La araucarita, también. Me gusta que los discos tengan una personalidad propia y una temática con cancha rayada. Aquí vamos a hablar de tal cosa y listo.

 

Ahora cae de cajón pues están de moda los temas medioambientales.

 

-No sé si en la música. Los chicos que componen ahora no se preocupan de eso. Se preocupan de “I love you, I love you, I love you”. Y eso. Yo también le pongo su “I Love You” de repente, pero en dos canciones de diez, para equilibrar un poco y que haya de todo.

 

ANTICUMBIA

 

¿Hay grupos o movimientos musicales tan potentes como lo que pasó hace 40 años con la Nueva Canción Chilena (NCCH)?

 

-Ah, no, eso no se va a producir nunca más. Ni la calidad de las composiciones ni nada. Además, soy uno de los últimos exponentes de ese movimiento. El resto ya murió. Eso no se ha vuelto a reproducir. Es una pena. Porque no hay movimientos potentes.

 

Pero, ¿qué te parece la música ochentera que sepultó un poco a la NCCH, con grupos como Los Prisioneros?

 

-Tanto como sepultarla, ¡no! Ellos eran más bien un grupo, a mi modo de ver, que se publicitaba mucho y sabía promocionarse. Y hacían pequeños escándalos para llamar la atención. Nosotros no hicimos eso. Vamos al grano con nuestro trabajo. Yo no me empeloto en la calle. No hago ninguna cosa que no sea estrictamente musical. Lo mío es levantar polémica con mis propios temas.

 

Tu tema más reconocido, sin lugar a dudas, es Arriba en la cordillera. A estas alturas, ¿es una sombra tener que cantarla siempre o es un orgullo tener un Poema 20?

 

-Me siento orgulloso de la canción, de que lleve 50 años ahí en los primeros lugares en cualquier país del mundo, no solamente acá. Por eso la toco siempre en los recitales, si no lo hago, me empiezan a pifiar.

 

¿Qué te parece los nuevos aires que está tomando la cumbia con Américo y Leo Rey? Has dicho que daña la creatividad para poder fabricar música nacional con buen ritmo.

 

-Es que la cumbia es ajena a Chile. Ellos cantan lo mismo que otros chorrocientos mil en Centroamérica, Colombia, Costa Rica, Cuba, en todos lados. Cuando estoy curado, me encanta la cumbia. Y bailo. Pero, si la tomo seriamente, como música, digo que es excesiva. Me gustaría que hubiera más de otra cosa, más boleros por ejemplo, otros tangos. Siempre ha habido gente que se va por lo fácil, y prefiere la cumbia a otras cosas, gente que le cuesta pensar, le molesta pensar, para los cuales jamás Silvio Rodríguez tendría auditorio, porque Silvio es un tipo totalmente expositivo de ideas.

 

LA BOTICA

 

Fuiste dependiente de una farmacia. ¿Cómo era esa pega?

 

-Estuve como ocho meses en Concepción, a fines de los 50.

 

En ese tiempo eran boticas.

 

-No, era una farmacia como las de ahora, una gran farmacia que tenía una cadena.

 

¿De estas que se coluden?

 

-Jajaja, me imagino que sí. Sólo me dedicaba a vender medicamentos, desde preservativos hasta agujas hipodérmicas. Cuando me echaron de la farmacia, me dediqué a otras cosas. Pero estas cosas, como la colusión, son nuevas. A mí me han colgado muchas cosas.

 

¿Sí? ¿Cómo qué?

 

-Bueno, han dicho que soy proxeneta, qué sé yo. Es por echarme mierda encima.

 

¿Quién te ha dicho eso? ¿músicos, escritores?

 

-Gente que escribe. Tengo una leyenda negra. Dicen que desayuno vino y no es así. Mira, son las doce del día y no he tomado nada. Pero es así mi historia. Hay gente que no me quiere bien e inventa cosas, gente que está celosa de que me vaya bien. La envidia es una cosa… ¡uufff! Eso viene de los mismos músicos, de escritores, de gente que me conoce vagamente. Hay críticos literarios que se han dedicado a buscar lo más malo de mi literatura.

 

¿Te refieres a Camilo Marks?A él tú le dedicaste un personaje, Camila Marcos, una puta travesti en el libro Buenas noches los pastores.

 

-Eso lo puse porque me enojé con él. No lo conozco, no soy amigo suyo, nunca lo he saludado. Pero él no sé por qué me tira tanta mierda. Le da lo mismo qué novela realice, todo para él vale lo mismo y son Manns, por lo tanto, hay que pegarle. No sé cómo un tipo que escribe tan mal, como él, critique libros. Los propios colegas le han sacado la cresta.

 

EL FRENTE

 

Fuiste vocero del FPMR. ¿Cómo llegaste a serlo?

 

-Porque me lo pidieron. Llegó un grupo de comandantes y me dijo que necesitaban una vocería en Europa, debe haber sido por el año 84. Hice giras por Europa dando discursos. Tenía que explicar lo que el Frente estaba haciendo, y lo que no: porque de repente ponían una bomba en una parte, pasaba un gallo y quedaba sin piernas. Había que decir que no era el Frente, y no había sido el frente. Tenía que explicar por qué se ponían bombas, porque se apagaban las luces. Era una lucha contra la dictadura.

 

¿Sigues creyendo que la vía armada es la única manera de conseguir algo?

 

-No es la única. Es una posibilidad. Éramos capos en ese entonces. Teníamos una idea grandiosa. Sin nosotros no se habría caído la dictadura. Después del primer atentado, Pinochet flaqueó mucho y se dio cuenta que era vulnerable. Y eso no lo ha reconocido la gente de la Concertación, porque no quiere. Pinochet conquistó este país por la vía armada. Entonces, sigue siendo una vía.

 

¿Contra qué te rebelarías hoy día y por qué?

 

-Me levanto en la mañana en contra de todo. Apenas pongo el pie en el suelo, ya estoy pensando a quién le voy a sacar la chucha. Creo que hay que corregir cosas. Me molesta, por ejemplo, que la Concertación le haya entregado el poder a la derecha.

 

¿Qué pasa con el rodriguismo hoy día? ¿En qué están?

 

-Están insertos un poco en la Concertación, otros están por la libre. Pero no son un movimiento. Ahora a uno no le queda más remedio que ser partidario de personas, ya no de movimientos. Del Partido Comunista se ha ido mucha gente valiosa. Está quedando en las últimas extremas posiciones. Nunca ha estado más bajo.

 

Pero ahora tiene tres parlamentarios.

 

-Sí, pero con el auxilio de la Concertación. Sin eso, no habrían llegado ni a la esquina.

 

¿Tienes contacto aún con rodriguistas?

 

-Sí, claro. Vienen acá, comemos. Pero son amigos, nomás. No hablamos del rodriguismo, porque esa etapa pasó y está superada.

 

¿Qué te parece que la figura de Manuel Rodríguez esté de moda hoy en la tele?

 

-El Guerrillero del Amor es una estupidez. Me río cuando canto en los conciertos y digo “¿cómo se llamará esta canción ahora?, ¿se llamará el Guerrillero del Amor?”. Y la gente se ríe a gritos. Porque fue una estupidez farandulizarla tanto. Además, uno ve un pedazo de la teleserie, aparece Rodríguez y está culeando, entra a una pieza y la mina se saca la ropa apenas lo ve. Y el tipo, hasta aquí, no ha peleado nada, no ha pegado ni un tiro, no ha llevado ni un mensaje a San Martín. Vive entre faldas, nomás.

 

¿Qué te parece la versión de El Cautivo de Til-Til que hicieron para la teleserie?

 

-No me gusta. Pero con tal que respetaran la letra, todo bien. Hay otras versiones mucho más lindas. Ésta es una cosa rock que hicieron por ahí y el tema mío era el menos que se prestaba para hacerlo rock. Y lo hicieron.

 

ENA, LA ZURCIDORA

 

Sigues pensando, como has dicho, que Chile es una dictadura militar permanente. ¿En qué fundamentas eso?

 

-Ahora no. La fuerzas armadas han retrocedido mucho. Están muy bajo perfil. Tengo un libro, Las masacres, donde decía que cada gobierno, cuando se veía en apuros, sacaba las fuerzas armadas a la calle y mataba a la gente que estaba en huelga. Paraba una salitrera en el norte, y la fuerza armada se metía a cañonazo limpio. Cuando se podía hacer, se hacía a cada rato. Pinochet sacaba por cualquier cosa a los militares. En la Araucanía sigue pasando lo mismo. Convirtieron el conflicto en guerra. En vez de mandar abogados, mandaron milicos. Ese fue un error de la Michelle. Militarizó el conflicto.

 

¿Qué te parece que la derecha haya sido elegida democráticamente?

 

-Siempre pensé que habría una alternancia. Pero, para mí, no pasaba por Piñera el asunto. Él no tiene carácter ni estatura de estadista.

 

¿Por quién pasaba, entonces?

 

-Por una figura en la derecha que no tuviera las connotaciones de Piñera. En un momento dado, me pareció positivo el gesto de Longueira cuando negoció con Lagos. Me dio la impresión en ese momento que el tipo tenía nociones de estadista. Además, pensé en su momento que sería el candidato a temer de la derecha. Pero, obviamente, después se mandó cagadas y ahora está metido en el montón de nuevo. Está criticando a Piñera, está celoso.

 

¿Cómo ves a Piñera en el poder? ¿Qué piensas del ejército de chaquetas rojas, de sus condoros cuando habla?

 

-Es bien lamentable este gobierno. Pensaba otra cosa. Que iba a llegar la eficacia, una nueva manera de gobernar, pero ¡no es ninguna otra manera de gobernar! Están haciendo lo que pueden. No tienen idea de gobierno. Han estado mucho tiempo fuera del poder real. No tienen dedos para el piano. Los ministros andan dando vuelta. Hasta la Von Baer se cae con las cosas que dice. Ella que tendría que ser la zurcidora japonesa del asunto, no zurce ni siquiera su propio plan de trabajo.

 

¿Y la Concertación crees que pueda ser una nueva alternativa? Tomás Moulián dijo en The Clinic que la Concertación debía reformularse.

 

-De acuerdo, pero cómo, con quiénes, quién va a dirigir la operación. Pienso que la Michelle puede hacer eso. No veo otra figura. Necesitamos crear una oposición fuerte, eficaz, digna, decente, para sacar a la derecha del poder. Ella se saltó su partido e hizo una cosa bien personal. Se nota mucho que era mejor gobernante que Piñera, que está con las manos a cuatro patas, haciendo unos enredos y toda la culpa es del terremoto y de la gobernación anterior. Pero todos tuvimos administraciones anteriores. Y Michelle se defendió bien en los 4 años que estuvo. Si se repostula estaré con ella hasta que haga una cagada grande y me enoje. Es lo mejor que hay en Chile.

 

¿Qué te pareció el discurso del 21 de mayo?

 

-Lo encontré prepotente, porque Piñera es prepotente. Es un tipo que cree que se las sabe todas, que está preparado para todo. Si le pasan un chuteador se lo pone y tira la patada. Si le pasan un casco minero, se lo pone y se pega cabezazos en el techo. Anda haciendo el rídiculo vestido de todo, menos de presidente.

 

EL NACIONAL

 

¿Qué estás leyendo? ¿Qué escritores chilenos te gustan y disgustan?

 

-Una biografía de Carlos Marx y a Engels con su Dialéctica de la Naturaleza. Leo puras huevadas, jajaja. Para empezar, en Chile no hay literatura. Los grandes poetas no están. No hay un recambio. Aquí hay fetiches, gente que se proclama mucho. En América Latina pasa lo mismo, las grandes figuras van desapareciendo. No se ven nuevas capas de escritores. No se ven nuevos Huidobros, nuevos Nerudas, nuevas Mistral.

 

Fuiste amigo de Carlos Droguett. ¿Es cierto que tenía un carácter de mierda?

 

-Sí. Una vez dijo “traigánme al mono para acá y le pego un puñete”. El mono era yo y estaba picado por algo que había hecho yo. Quería sacarme la cresta. Tenía un carácter fuerte. Me hice amigo cuando yo tenía 18 años. Me corregía las novelas a mano. Me decía “esto no, esto lo podría escribir Lafourcade”. Disparaba mierda para todos lados.

 

Otra que tenía un carácter de mierda, dicen, era la Violeta Parra.

 

-Terrible. Pero todos los Parra tapan el carácter de la Violeta. Creen que diciendo que tenía un carácter de mierda se achicará una parte de ella y no será la figura así de grande que es. Pero es una tontera. Además, le decíamos la Dolly Pen, porque no se bañaba nunca, jajaja.

 

¿A quién le darías el Premio Nacional de Literatura? ¿O te lo darías a ti mismo?

 

-A Isabel Allende. Es una mina muy reconocida, universalmente, es traducida a 30 idiomas. Sus temas incluyen muchas cosas de la dictadura. Ha llevado a Chile a un mapa y está de moda poner en mapa el nombre de Chile. Es un tema pendiente con ella. Mi turno vendrá después. Si es en cuanto a la calidad literaria, no he dicho nada. Porque en cuanto a calidad, me lo daría a mí mismo.

 

No te falta modestia.

 

-Es que aspiro a ganármelo. Ahora, en estos momentos, lo encuentro prematuro. Prefiero esperar un poco más. También me están debiendo el de música hace años. El año pasado se lo dieron a un afinador de órganos, porque no tienen a quién dárselo. Y eso no está bien.










 
  

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