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Claudina y Alberto Gambino

por Fernando G. Lucini el 03/10/2008 

Claudina y Alberto, ambos argentinos, llegaron a España en la primera mitad de los años setenta, aportándonos, con su música y sus canciones, un importante enriquecimiento artístico y musical.

 

Claudina, en concreto, nos aportó su sensibilidad poética, la tremenda belleza de su voz y su extraordinaria capacidad para la interpretación.

 

Alberto, por su parte, nos proyectó su profundo sentido de la música y su lucidez armónica, y rompió el molde de quienes pensaban –todavía en aquel momento– que, para componer una buena canción, bastaba con disponer de un texto interesante y comprometido y de unos cuantos acordes de guitarra que le sirvieran de acompañamiento.

 

Juntos nos aportaron todo un mundo poético y toda una nueva realidad social y cultural, con nombres propios, que ellos habían tenido la oportunidad de conocer en Latinoamérica, y que para muchos de nosotros –para mí, al menos– eran, todavía en aquel momento, bastante desconocidos: Víctor Jara, María Elena Walsh, Adela Gleijer y Diana Rechers –uruguayas–, Thiago de Mello, Silvio Rodríguez, Violeta Parra, Daniel Viglietti e, incluso, Georges Brassens, cuyas composiciones fueron grabadas por ellos por primera vez en castellano, en Argentina.

 

Claudina nació en Santa Fe, y tras cursar sus estudios primarios y de magisterio, se trasladó a la provincia de Córdoba para licenciarse en Filosofía y Letras. Intentó compaginar esta actidad académica –aunque no siempre lo logró– con su afición a cantar como solista, y con su compromiso y su participación activa en todo tipo de asambleas y de manifestaciones que se convocaban en la universidad contra los comportamientos golpistas y antidemocráticos de los militares argentinos.

 

Alberto, nacido en Córdoba, estudiaba Arquitectura y asistía, a la vez, a las clases del Conservatorio, donde cultivaba y pulía su pasión por la creación musical y, sobre todo, su especial curiosidad e interés hacia el folclore y la música tradicional.

 

Su primer encuentro –que se traduciría con el paso del tiempo en toda una vida de luchas y de pasiones compartidas– se produjo de forma casual, en Córdoba, tal y como nos cuenta la propia Claudina:

 

“Cuando conocí a a Alberto, yo cantaba en solitario, buscaba un guitarrista que me acompañara y me hablaron de él, fue un amigo que trabajaba en una emisora de radio. Yo acudí a la cita vestida con una minifalda blanca de cuero y medias a juego, porque me había vestido así para un programa de televisión. Cuando me vio, se quedó muy sorprendido, se esperaba otra cosa, yo reconozco que tenía una pinta espantosa ... Pero le gustó cómo cantaba y decidimos trabajar juntos”.

 

Trabajo en común que iniciaron actuando con regularidad, ya en Buenos Aires, en un mítico café-concierto porteño llamado La Fusa, en el que compartieron escenario con músicos e intérpretes como Les Luthiers, Nacha Guevara o Vinicius de Moraes, entre otros.

 

A partir de ahí, entre 1969 y 1974 –año en que abandonaron Argentina–, la actividad artística de Claudina y Alberto fue intensamente creativa, y, a la vez, comprometida e innovadora, y ofrecieron muchos recitales en los que interpretaban canciones populares y composiciones propias.

 

Entre aquellos recitales cabe destacar los siguientes: Entre pitos y flautas (1970), Córdoba, libertad (1971) –sobre los hechos acaecidos el 29 de mayo de 1969, en Córdoba, evocados como el “cordobazo” 1–, Carta abierta a Buenos Aires violento (1971) –recital inspirado en el ensayo que, con ese mismo título, escribió Eduardo Gudiño Kieffer, en 1970– y varios espectáculos dirigidos al público infantil.

 

A la vez, Claudina y Alberto, en 1973, realizaron diversos trabajos de recopilación y composición folclórica, que se concretaron en dos discos grabados con María Escudero –actriz, cantante, maestra de actores e impulsora del LTL (Libre Teatro Libre) y del movimiento de Canto Popular; mujer sencillamente extraordinaria que falleció en Quito, en 2005.

 

Por aquellos años, hay que destacar también el trabajo de investigación y de recreación que Claudina y Alberto emprendieron con la obra de Georges Brassens; trabajo que inciaron en colaboración con Julio Ardiles Gray, crítico y novelista que, dada su gran admiración por la canción francesa, había traducido al castellano algunas de las canciones de Brassens.

 

El resultado de aquel trabajo se concretó en el montaje de un espectáculo titulado Mi amigo Brassens, estrenada, en 1972, en el Teatro Payró, de Buenos Aires, y en la grabación de dos históricos discos en los que interpretaron canciones de Brassens traducidas al castellano.

 

Discos que fueron la base del que posteriormente grabaron en España con el título de Ensayos sobre Georges Brassens (CFEZafiro, 1975).

 

Apesar de aquella intensa y comprometida actividad, el trabajo cultural y artístico en Argentina se hacía cada vez más difícil, sobre todo, debido a unos controles y a unas limitaciones totalmente represivos e inaceptables.

 

Ante aquella situación Claudina y Alberto no pudieron soportar esta situación y decidieron dejar el país y exiliarse en España. Inicialmente, emprendieron una gira por Perú, Ecuador, Colombia, Panamá y México, tras la que aterrizaron en España, en concreto en Málaga; fue a comienzos de 1974.

 

“Nos contrataron en el Tívoli de Torremolinos –comenta Claudina– para hacer un espectáculo de música tradicional hispanoamericana. Creíamos que iba a ser un teatro, pero no, en realidad era una especie de sala de fiestas a la que acudían fundamentalmente turistas. Anosotros nos tocaba actuar entre orquesta y orquesta, y enseguida nos dimos cuenta de que nuestro repertorio, basado en canciones de Yupanqui, de María Elena Walsh y de gentes por el estilo, no era el más adecuado para aquel lugar. Así que aguantamos el mes de contrato que teníamos firmado, y una vez que lo cumplimos decidimos largarnos para Madrid”.

 

Una vez en Madrid, se instalaron en un piso que alguien les prestó por el barrio de Chamartín, e inmediatamente empezaron a actuar en la sala Candombe, situada en la calle Arrieta, 7. Aquella sala, en realidad, era una especie de boliche especializado en música sudamericana –bastante distinto de las peñas de la época–, al que acudíamos militantes del partido comunista y “rojos” en general, a los que nos unía una pasión desbordante por la libertad y un montón de utopías y de ilusiones posibles que soñábamos en hacer realidad: gentes como Elisa Serna, Adolfo Celdrán, Iñaqui Gabilondo, Pepe García Abad, Rosa Montero, María Antonia Iglesias, Félix Grande y Gloria Fuertes, entre otros.

 

En aquel ambiente, Claudina y Alberto enseguida se hicieron muy populares; sobre todo, porque la visión que nos ofrecían de la canción latinoamericana era completamente distinta de aquella a la que otros grupos y solistas nos tenían acostumbrados; era una canción en la que se fundían tres componentes que la hacían especialmente atractiva: su belleza poética, su compromiso explícito y directo con la realidad que estábamos viviendo en el país y, sobre todo, su modernidad, o, mejor, sus planteamientos innovadores respecto al tratamiento musical e interpretativo (en este sentido, la presencia y el sello personal que les imprimía Alberto a las canciones del dúo eran inconfundibles).

 

Poco tiempo después de que empezasen a cantar en Candombe, acudió a escucharles Alain Milhaud –magnífico productor que ya había puesto en el mercado dos discos extraordinarios: L’àguila negra, de María del Mar Bonet, y A pesar de todo, de Hilario Camacho–; Alain se quedó encantado con la música y las canciones que hacía el duo argentino y les propuso grabar un primer disco con el sello Explosión, que él mismo dirigía dentro de la Compañía Fonográfica Española (CFE).

 

Y así fue como nació el primer LP de Claudina y Alberto en España; un trabajo al que titularon Aquí donde nos ven (CFEZafiro, 1974).

 

En aquel disco incluyeron canciones como Milonga de andar lejos –de Daniel Viglietti–, Fusil contra fusil –de Silvio Rodríguez–; ¿Qué he sacado con quererte? –de Violeta Parra–, El encuentro –canción inédita de Víctor Jara–, Así te quiero –de las uruguayas Adela Gleijer y Diana Reches–, Balada del cómodus viscach –de María Elena Walsh–, Balada de Juan y María– de Jorge Schussheim–, El prócer –de Martín Micharvegas–, dos temas populares –uno de ellos, Duerme, negrito– y dos textos de poetas españoles musicalizados por Alberto: La paloma, de Ángel González, y Tener de todo un poco, de Gloria Fuertes.

 

Félix Grande, que desde la llegada a España de Claudina y Alberto fue uno de sus más fervientes admiradores y seguidores, presentó aquel disco con estas palabras:

 

“Lo primero que entrega la audición de este disco es la imagen de un vasto abrazo, uno de los más anchos y más emocionantes que nos es dado gozar hoy a los amigos de las músicas de la afrentada América –y ya se entiende que me refiero a la del Sur–. Desde los bordes de este abrazo, apretado con ternura colectiva, con viril compasión o con una extensa ironía, nos acercan el Amor y la Historia las plurales palabras de Viglietti, de Víctor Jara, de Violeta Parra o de Silvio Rodríguez, ese interminable cantor al que la fama americana llama Silvio de Cuba.

 

“Cuando tú escuches este disco entero2 (porque tus preferencias no te consentirán desdeñar nada de la totalidad), oirás palabras de los argentinos Micharvegas y María Elena Walsh, de las uruguayas Reches y Gleijer, de los españoles Gloria Fuertes y Ángel González y de ese genio humildemente oculto al que llamamos Popular; y todos ellos abrazan concienzudamente a la música, a la palabra que aquí se junta con la exigencia de vivir.

 

“Todo eso no se ha hecho para que sólo te diviertas, ni siquiera para que te contagies con el temblor de tres países que tienen un radical lugar en el futuro: América, la justicia y el amor. Procedentes de esos tres países (procedentes también de ese futuro que avanza como un maravilloso megaterio de luz), Claudina y Alberto son los fundamentales creadores de este abrazo afanoso. No basta mencionar las hermosas palabras del presente y no basta arañar ese instrumento popularmente incomparable –la guitarra–, que excede a tantos bienintencionados con alergia al estudio; hay que escuchar la majestuosa y tentacular voz de Claudina, hay que advertir la sabia y varia técnica con la que Alberto Gambino seduce y estimula a su instrumento, hay que calcular las multitudinarias horas de trabajo que agrandan esa repentina frescura, y hay que gozar de la minuciosidad apasionada con que ellos se acercan a la música y con que ajustan su mutua intuición desde su mutua profesionalidad, para comprender qué hemosa y decisiva es la actual canción americana, o, simplemente, qué hermosa y decisiva es la canción moral”.

 

Relacionado con la edición de aquel primer disco de Claudina y Alberto Gambino en España, ocurrió un hecho que conviene recordar porque nos aproxima a cómo era y cómo actuaba realmente la censura durante el franquismo.

 

Me refiero a la denegación del permiso necesario para incluir en el disco la canción titulada Una manera de querer –compuesta por Gambino sobre un texto del gran escritor argentino Eduardo Gudiño Kieffer–; el motivo aducido por los censores para la denegación del permiso fue la consideración de que se trataba de una canción de contenido demasisdo erótico.

 

El contenido de aquella hermosísima canción tan “altamente peligrosa”, por lo visto, para la moral pública y privada de la época era el siguiente:

 

Sí, claro que te quiero con el alma,

pero también te quiero con el cuerpo.

Te quiero toda y quiero que me quieras

con toda la piel, con las uñas, con los dedos.

 

“¿Ves? Mis dedos.

Aquí, donde temino y donde empiezo.

No sé por qué nos dicen que en los dedos

no pueden florecer los sentimientos.

¿Ves? Tus dedos.

Allí donde terminas y donde empiezas.

 

“Déjame que te quiera con mis dedos,

pulsándote apenitas, apenitas,

rozando tus caderas en un largo

descenso por colinas infinitas.

 

“Que mis dedos te besen el ombligo,

que mis dedos se curven en tus senos.

Que mis dedos se abran como un cofre

lleno de flores perfumadas, lleno.

 

“Que con las puntas de tus dedos,

paseando por mi vientre, por mi pecho,

tocando mis costillas una a una,

haciéndome cosquillas en el cuello.

 

“Explórame despacio, soy un mundo

por vos todos los días descubierto.

Estoy abierto a toda la ternura

escondida en la punta de tus dedos.

 

“Sí, claro que te quiero con el alma,

pero también te quiero con el cuerpo.

Te quiero toda y quiero que me quieras

con toda la piel, con las uñas, con los dedos”.

 

Curiosamente, esta canción censurada en 1974 fue autorizada un año más tarde, y Claudina y Alberto pudieron incluirla en su siguiente LP, grabado en la primavera de 1975; aquel disco, también producido por Alain Milhaud, se tituló Canciones de amor armado (CFE-Zafiro, 1975).

 

En él, Claudina y Alberto, además del tema Una manera de querer, incluyeron dos canciones con letra y música propias –Las distinciones y Para que nos encontremos–, Te doy una canción –de Silvio Rodríguez–, Mazúrquica modérnica y Arriba quemando el sol –de Violeta Parra–, Plegaria de un labrador –de Víctor Jara–, Canción de cuna para despertar a un negrito –de Nicolás Guillén–, Sirilla de la Candelaria –de Patricio Manns–, Dios le pague –de Chico Buarque–, El tren de las avestruces –de Jorge de la Vega– y Juancito caminador –de Raúl González Tuñón y Eduardo Gómez.

 

Tras la grabación de este disco, Claudina y Alberto viajaron a Argentina, y a su regreso, en noviembre de ese mismo año –con Franco ya muerto–, animados por Milhaud, decidieron retomar el proyecto iniciado años atrás sobre la interpretación de canciones de Brassens en castellano; con ese fin, seleccionaron y volvieron a grabar doce temas, de los veinticuatro que integraban los dos discos argentinos; aquella nueva grabación, realizada en España –en la que partiparon Jorge Sarraute, al contrabajo, y Toni Xuclà, a la guitarra–, configuró un nuevo y bellísimo LP que llamaron Ensayos sobre Georges Brassens (CFE-Zafiro, 1975).

 

A aquel disco lo siguieron otros tres: Quiero decir tu nombre, libertad (CFEZafiro, 1976) –título basado en un poema de Thiago de Mello–, Llamas (CFE-Zafiro, 1978) –grabado con colaboraciones tan extraordinarias como las de Jean Pierre Torlois, Luis Fatás y Ana Pellegrín–, y un disco sorpresa –editado con motivo del cincuentenario de la muerte de Lorca– llamado Danza na lua. Seis poemas galegos (RNE, 1986), obra en la que se recogen los poemas gallegos de Federico García Lorca, musicalizados por José María Silva y Alberto Gambino, y cantados, en gallego, por Claudina.

 

Durante todo ese tiempo, la pareja ofreció numerosos recitales por toda España; actuaron en la sala Toldería; montaron y presentaron el espectáculo Sudaca –junto con Rafael Amor, Olga Manzano y Manuel Picón– y, por su parte, Claudina, en 1983, participó activamente en la creación de la Asociación para la Música Popular.

 

Ya en la década de los años noventa, aunque Claudina y Alberto siguieron compartiendo sus vidas, emprendieron caminos artísticos diferentes. Ella empezó a sentirse especialmente interesada por la interpretación en el género lírico –y, más concretamente, por la zarzuela–, y él decidió dedicarse enteramente a las tareas de arreglo, producción y dirección musical de las obras de otros artistas; actividad que ya había realizado con Carlos Cano, José Antonio Labordeta, La Bullonera, La Fanega, Benedicto o Ángel Petisme.

 

Entre sus colaboraciones musicales caben destacar las que desarrolló con Manolo Domínguez; primero, en el proyecto de investigación titulado La voz antigua –que se tradujo en la publicación de varios discos editados en el prestigioso sello Guimbarda–, y, posteriormente, en el proyecto Nubenegra, en el que ha sido productor, por ejemplo, de Las Hijas del Sol, de los grupos Malabo Street Band –de Guinea Ecuatorial–y el Septeto Santiaguero –de Santiago de Cuba–, de Bidinte –perteneciente a la nueva generación de músicos africanos afincados en Madrid–, del fantástico guitarrista saharaui Nayim Alal, o de Antonio Curiel en su disco El Curi en la Habana.

Más recientemente, Alberto ha trabajado como arreglista, director musical e intérprete de varios de los magníficos libros-discos que edita la empresa PRAMES, en Zaragoza; entre ellos, por ejemplo, Chicotén 2. Veinte años de música popular aragonesa (1998); Humor libre (2002) –historia de la España contemporánea cantada en clave de humor, junto con Moncho Alpuente y Curro Fatás–; Chicotén VI. Bajo Ebro (2004), o La jota de ayer y de hoy (2006).

 

Hay que decir, por último, que, felizmente, cuando las circunstancias lo requieren, cuando merece la pena y cuando se les solicita, Claudina y Alberto no dudan en fundir su música, sus voces y sus sensibilidades para devolvernos la presencia de aquel dúo que, sin duda, formará parte para siempre de la música popular española y latinoamericana; circunstancia que se concreta ahora en su nuevo disco, titulado Corre, poeta, corre.


DISCOGRAFÍA DE CLAUDINA Y ALBERTO GAMBINO


Discos grabados en Argentina:

 

Recopilaciones y composiciones folclóricas (Grabados con María Escudero)

Brassens en castellano (Dos LP)

(Azur Producciones Argentinas, 1972)

 

Discos grabados en España:

 

Aquí donde nos ven (CFE-Zafiro, 1974)

Canciones de amor armado (CFE-Zafiro, 1975)

Ensayos sobre Georges Brassens (CFE-Zafiro, 1975)

Quiero decir tu nombre, libertad (CFE-Zafiro, 1976)

Llamas (CFE-Zafiro, 1978)

Lo mejor de los Gambino (CFE-Zafiro, 1983)

Danza na lua. Seis poemas galegos (RNE, 1986)

Corre, poeta, corre (Sello Autor, 2008)

2 Comentarios
#2
Jaime
Colombia
[06/07/2014 20:53]
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Se llama Plegaria y esta en el primer disco de Brassens.
#1
Laura
Argentina
[24/10/2012 21:02]
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Hola! estoy buscando la música de una canción de claudina y alberto q en realidad no se como se llama, pero tengo la letra... el estribillo dice Dios te salve maría, y la primera estrofa es: "por el niño q muere al lado de su madre, mientras los otros juegan felices en la calle..." Me podrán dar información o mandarme la canción por mail? Gracias!!!!









 
  

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