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Entrevista

Miguel Poveda: «Como decía Morente, aquí todos somos discípulos»

por Núria Martorell el 17/12/2010 

Miguel Poveda (Barcelona, 13 de febrero de 1973) es un cantaor que ha crecido y evolucionado a una velocidad de vértigo, asumiendo (y ahí está también el mérito) todo tipo de riesgos, como cantar en catalán. Y no solo se ha convertido en un nombre imprescindible del flamenco actual, sino que se ha atrevido a investigar, revisar y recrear el legado andaluz en su ambicioso espectáculo Historias de viva voz, dando vida “a grandes voces que ya no están”. Pasado y futuro se unen en su prodigiosa y versátil garganta.

Cierras este triunfal 2010 con una tanda de cuatro conciertos en el Teatre Coliseum de Barcelona (del 16 al 19 de diciembre), rematando la gira de tu último disco, Coplas del querer. Pero seguirás con más bolos ‘copleteros’ el año que viene, ¿verdad?

 

Sí, sí. Tengo conciertos en Valencia, Málaga… Y una posible gira por Latinoamérica, donde está previsto que se edite el disco.

 

¿Y qué países de Sudamérica tienes previsto visitar?

 

Bueno, la gira no la estoy cerrando todavía. Siempre he ido y he vuelto sin hacer un tour. Es decir, cantaba en México, por ejemplo, y regresaba, y más tarde lo hacía en Costa Rica, Buenos Aires, Miami, Nueva York… Pero ahora queremos hacer una serie de recitales en los que me gustaría que se incluyeran lugares como Caracas. Me encantaría cantar en Venezuela, un país que me ha nutrido mucho a nivel musical con sus tonadas de ordeño (yo he cantado una media tonada de ordeño en la película Flamenco de Carlos Saura). ¡Cómo me gusta la música de Venezuela! Y sobre Buenos Aires, ¡qué puedo decir! Amo esta ciudad, así como su tradición cultural. Lo mismo me pasa con Puerto Rico. Y me gustaría dar un concierto gratuito en La Habana (Cuba). Tampoco me olvidaría de México, otra ciudad que adoro, con una cultura impresionante. Allí la gente le da mucho valor a los artistas y cantantes, no como aquí, que cada vez es peor, más desastroso. Me gustaría actuar en todo lugar donde se aprecie el arte.

 

Pues sí que te espera un 2011 movido. Porque también está en tus planes grabar un disco del maratoniano espectáculo Historias de viva voz, con el que arrasaste en la última Bienal de Sevilla…

 

En realidad, quiero dedicarle antes mucho tiempo en prepararlo y no sé cuándo lo grabaré. No dejo que me impongan fechas. Menuda lucha tengo con la discográfica, pero me respetan bastante. Les dije que si me imponían un día límite se habían equivocado de artista. Pero sí, me hace mucha ilusión grabar este doble disco de flamenco en el que repaso toda su historia.

 

En su momento la gran dama del cante, Carmen Linares, grabó una antología flamenca que para muchos ha sido referencial. Y ahora ¡tú también harás historia!

 

Huy, no digas lo de historia que me asusta. Admiro demasiado a Carmen Linares y yo todavía no puedo hacer historia, no. Quizás poco a poco aportaré algo a la música o tendré una actitud que también la enriquezca, pero hacer historia es algo más comprometido, tiene mucho más peso. Tengo que hacer muchas más obras para ganarme este mérito a pulso. Pero claro, no hay nada que me gustaría más. Y no por ponerme la medallita, sino por tener la sensación de haber hecho algo útil para el flamenco y para la música en general.

 

Tú eres muy modesto, pero la cuestión es: ¿Cómo un payo —que es como denominan los gitanos a los que no lo son— de Badalona (población de Barcelona), sin antecedentes artísticos en su familia, ha logrado llegar a la élite del flamenco?

 

Catalán, payo… Esto demuestra que la gente no te pide una denominación de origen; que te escucha sin pedirte el pasaporte, sin mirarte el color de la piel. Que te presta atención sin tapujos, desde el corazón. La cuestión es si emocionas o no emocionas.

 

Acaba de morirse Enrique Morente, un grande entre los grandes del flamenco. Y un cantaor que destacó también como creador. ¿Crees que es importante combinar ambas facetas?

 

Sí, claro. En el arte es también maravillosa la virtud de poder crear y no limitarse a ser solo un intérprete. A mí me gustaría ser un creador como él. Pero lo único que he aprendido de Enrique es a moverme con libertad y expresarme con otras músicas. Morente ha creado cantes, formas… Y nos ha enseñado a cómo moverse sin prejuicios y a aguantar todas las tortas posibles. Tenía claro que su libertad, insisto, no se la coartaba nadie. Pero hay mucha distancia entre Enrique Morente y yo. Esta es la realidad.

 

De hecho, no hay cantaor que pueda considerarse su heredero, ¿verdad? Morente no tiene suplente…

 

No. Cómo él mismo decía cuando le llamaban maestro: ‘Aquí todos somos discípulos’. Pero los de mi generación sí somos un poco consecuencia de él. Si hemos conseguido algo en el arte es gracias a él. Ha abierto tantas puertas a la libertad, a la convivencia con otras culturas, que nos ha puesto en un camino mucho más fácil. No hemos tenido que romper tantos muros como él en su época. Con el tiempo aún seremos más concientes de lo grande que es su pérdida.

 

¿Verdad que fue él quien te animó a cantar en catalán?

 

Sí. Fue una noche en Granada. Yo di un recital en El Corral del Carbón con Juan Habichuela, vino Enrique y después del concierto nos fuimos a tomar algo. En la reunión todos cantamos y Lluís Cabrera me dijo que le cantara a Enrique en catalán: “Venga, hazlo y que te escuche”, me animó. Pero yo no veía claro que ese fuera el momento. Me parecía que no pegaba: allí delante de Habichuela, un hombre mayor tan ligado a la tradición… Finalmente cuando lo hice Enrique me soltó: “Si yo fuera catalán ten por seguro que habría cantado en catalán, igual que si fuera gallego lo hubiera hecho en este idioma. Si tienes la suerte de tener otras lenguas en la que expresarte, pues hazlo”. Me animó tanto que al llegar a casa me puse como un loco a buscar poemas en catalán y a trabajar en el tema. El hecho es que luego le dediqué a él el disco Desglaç.

 

¿Y qué te atrajo de la copla para que últimamente te dediques a ella con tanta pasión?

 

La copla tiene una poesía tan maravillosa… La obra de Rafael de León, la que más me gusta, es espectacular. Fue coetáneo de Federico García Lorca y tiene esa escuela. Si no se hubiese dedicado a escribir canciones sería uno de los poetas más importantes de la Generación del 27. Me apasiona su forma tan original, tan lorquiana, tan andaluza de cantarle al amor. De hecho, soy amante de la música popular: el tango, la ranchera… y la copla está a su altura, lo que le pasa es que es un género joven que no ha tenido continuidad, que ha sido achacado por los propios artistas y ensalzado por el género franquista, con su correspondiente rechazo posterior.

 

¿Y cómo es que cada vez te atreves a cantarla de manera más desatada, más teatralizada?

 

Siempre he sido muy pudoroso y he tenido temor a hacer el ridículo, a equivocarme. Pero luego he visto que es algo que he hecho muchas veces y me ha ayudado a crecer. Y cuando me doy cuenta de lo que he ido andando, voy perdiendo el miedo a arriesgarme. La experiencia también me ayuda a expresar las cosas de dentro para afuera, cuando antes las contaba más solo desde dentro. Además, soy tan observador… Saco cosas de todos los artistas. Y la copla me lo pone muy fácil, con estas letras tan apasionadas... Supongo que le he perdido el miedo a expresarme de una forma más artista. Y luego están los extraordinarios músicos que me acompañan: Olvido Lanza al violín, Joan Albert Amargós a los teclados…

 

Precisamente, ¿hasta qué punto es importante la figura de Joan Albert Amargós en tu trayectoria?

 

Me doy cuenta de lo privilegiado que soy de tenerlo. Y por favor, que no me falte nunca. Me ha aportado tantísimas cosas… Y no me refiero a los arreglos que me ha hecho a algunas de las propuestas que le ofrecí… También agradezco el hecho que me acompañe y su actitud en el día a día: tan humilde, con este saber estar, esa clase… Es algo que observo de él. Y aprendo. Lo mismo de su compromiso y entrega a la música. Y sin nada de arrogancia. A veces por juventud, desconocimiento, rabia, rebeldía, qué se yo, no se es así. Pero yo como estoy obsesionado en corregirme y crecer… Y no solo en el aspecto artístico, también en cosas que no he aprendido en el colegio porque he hecho el bobo. Siempre intento observar y avanzar. Y a Amargós le debo también la exquisitez con la que ha hecho este último disco, Coplas del querer.

 

¿Y era necesario afincarse en Sevilla para seguir creciendo, evolucionando como flamenco?

 

Me ha hecho crecer también, sí. Pero a lo mejor también me hubiera pasado si hubiera elegido Madrid. El hecho de moverme y de absorber otras vivencias es lo que importa. Y yo lo necesitaba. No soporto sentirme estancado en la monotonía. Ahora lo siento así, pero quizás más tarde me quedo definitivamente en un sitio y ya está. Pero he necesitado respirar el sur. Así he valorado mejor el flamenco y lo que he cantado ha cobrado sentido. He palpado el paisaje, el sentir de allí… Y es que se han escrito cosas tan maravillosas del sentir popular de esa tierra, de la gente andaluza desde dentro, con sus pros y sus contras.

 

¿Y cómo logras que parezca natural el hecho de que cantes con una big band (con músicos como Perico Sambeat, Latino y David Pastor) hasta con una orquesta de cámara dirigida por Enric Palomar una dificilísima partitura con textos de Rafael Alberti? Osado también has sido un rato, porque resulta que no sabías solfeo…

 

Lo de Enric Palomar me costó ataques de ansiedad durante mucho tiempo. Pasé tanto estrés al principio, cuando no lo veía claro… Pensaba que eso era incantable. Pero me convencieron: no me atribuiré yo el mérito. Y ahora me alegro infinitamente de haber aceptado el reto. Cuando digo sí es con todas las consecuencias. Recuerdo que cuando por fin vi un poquito de luz, me reuní con Enric y descubrí la emoción de esos textos, de esa época que padeció España y esa etapa tan dura del poeta, pensé que tenía que lanzarme. Que ponerme en la piel de Alberti y experimentar con una orquesta de cámara, aunque nada tuviera que ver conmigo. Y el ejercicio fue brutal: yo lo cantaba por frases que Enric me iba diciendo. Era como un robot. Él las grabó y cuando lo escuché seguido lo entendí todo: descubrí que era una auténtica belleza, y disfruté muchísimo. Así que me propuse hacerme mías las letras, interiorizarlo todo. Y hacer la música de forma emocional, no ser un mero lector, es algo que no va con mi formación. Así que me aprendí cada nota, cada letra, hasta ser consciente de lo que estaba cantando. Logré aprenderme esa melodía, salí con valentía al escenario y acabó reflejándose todo en un disco, Poemas del exilio, del que estoy muy orgulloso

 

Y háblame de tu nuevo sello discográfico, Carta blanca. ¿Qué te ha animado a crearlo?

 

Voy a publicar un disco de El Londro, un cantaor de Jerez que se pagó él mismo la producción. Lo grabamos con mi sello y lo distribuye Karonte. Fue a raíz de él que surgió la idea. Me llamó para ver sí podía meter su material en algún sitio porque nadie le hacía caso. Y me acordé de Enrique Morente, Gerardo Núñez y Carmen Linares, que crearon sus propios sellos. Así que le dije a El Londro que no se preocupara, que yo me encargaría de que saliera en la discográfica que yo iba a montar. Así se me abre la posibilidad de ayudar a otros artistas, como es el caso de Kiko Peña, un chico de solo 15 años al que le pago la producción y le sacaré un disco que acabo de editar. Carta Blanca es un sello humilde, tengo pocos recursos, pero a ellos les servirá de carta de presentación. También quiero trabajar con Miguel Labi, que viene conmigo en Historias de viva voz, y con Jesús Méndez, un cantaor de Jerez, y con Diego Carrasco… Hoy en día se me parte el alma verles con un disco bajo el brazo. Y como aficionado también necesito nuevos discos. Siempre soy de los que rebusca algo nuevo. Sacar compactos es algo que debería hacer la agencia del flamenco: invertir en los artistas y darles salida.

 

Ahora que el flamenco es Patrimonio Inmaterial Cultural de la Humanidad, ¿cambiará en algo? Recuerdo que Morente siempre decía que la humanidad es patrimonio del flamenco y no al revés.

 

Es que es así. La humanidad ya disponía de ese patrimonio, ya se volvía loca con Carmen Amaya, Antonio Gades, Antonio El Bailarín… Con Paco de Lucía… Con tantos que han contribuido a que el mundo entero enloquezca con el jondo. En Japón, por ejemplo, hay auténtica pasión: se han creado tablaos, escuelas… Este galardón que otorga la Unesco es maravilloso, pero no deja de ser algo político. Pero yo intento sacar lo positivo: si alguien tenía algún prejuicio ayudará a que se le quite. Pero en realidad no le hacía falta, no lo necesitaba.

 

En 1993 ganaste el Festival de las Minas de la Unión. ¿Siguen siendo importantes estos concursos?

 

A mí me sirvió. Le debo mucho a este festival de cante. Pero han pasado 17 concursos más desde que participé y parece que no haya tenido repercusión. Este año ha celebrado su 50º aniversario y en este medio siglo de la gente que ha pasado por este festival y ha tenido resonancia solo están Luis de Córdoba, Mayte Martín y yo. ¿Dónde están los ganadores del resto de años? No sé hasta que punto sirve. Pero insisto: a mí sí que me sirvió y le estoy infinitamente agradecido. Me ha ligado al pueblo de la Unión y me dio a conocer al mundo del flamenco, pero hoy por hoy no me atrevería a decir que es un trampolín. Eso sí, tiene de bueno que conserva los cantes autóctonos de esa tierra, que los artistas se los preparan y que son cantes que a lo mejor se hubieran perdido. Y esto ya es motivo suficiente para valorarlo.

 

¿Qué hay de tu proyecto de grabar Asturias con Víctor Manuel?

 

El otro día precisamente coincidimos y retomamos el tema. Me hace muchísima ilusión porque admiro mucho su obra y su compromiso.

 

¿Y de tu colaboración con Pedro Guerra?

 

También recientemente me ha mandado un poema de Federico García Lorca y otro tema suyo preciosos, que me han hecho decidir colaborar en su próximo disco, sí. Además dice que me dará material para un futuro.

 

Un futuro en el que también pueden tener cabida más poemas que has cantado pero que no has grabado, y quizás ese disco de tangos con Rodolfo Mederos pendiente solo de sacar al mercado, ¿no?

 

Sí. He pensado en recuperar poemas como A modo de esperanza, de José Ángel Valente, que canté hace poco en un concierto en Sevilla para ayudar a niños con cáncer. O la vidalita que canté en el espectáculo de Agustí Fernández. O la milonga que interpreté con Juan Habichuela de Valderrama y que me gustaría volver a musicar, darle otra forma y grabarlo. También tengo poemas de Muñoz Rojos que musiqué como Romance, y más ideas que me rondan pero que tengo que madurar. Y sí, tengo dos conciertos grabados con Mederos que están por sacar, así como un DVD. Lo estamos hablando, pero no quiero sobreexponerme, quemar el mercado ni este trabajo. A lo mejor lo publicamos primero en Argentina y luego aquí. Y me gustaría sacarlo con mi sello Carta Blanca. Los dos pagamos de nuestro bolsillo la grabación y producción, y no queremos regalárselas a nadie.

 

¿Es cierto que te atreverás de nuevo a cantar alguna canción de Joan Manuel Serrat, invitado por el escritor gaditano Luis García Gil para la presentación de su libro Serrat, cantares y huellas en Cádiz?

 

Sí. Posiblemente cantaré con Javier Ruibal. Pero aún no sé qué canción. Me encantaría que fuera Romance de Curro "El Palmo". Y Coplas, de su disco de Machado.

 

¿Y para cuándo la publicación también del espectáculo Sin frontera?

 

He pensado en meterlo en el paquete del disco flamenco que preparo. Incluirlo como si fuera otra pieza más. E incluir el documental que se grabó del estreno de Historias de viva voz en la Bienal en el mismo lanzamiento. Sin frontera recoge muchos cantes de La Unión, es una fiesta de Jerez en la que conviven payos, gitanos, jerezanos, catalanes. Es una muestra de convivencia.










 
  

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