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Entrevista a Jordi Fàbregas, director del CAT (1ª parte)

Los antecedentes del C.A.T.: una historia de la música tradicional y popular en Cataluña

por Pol Ducable Rogés el 16/04/2011 

El C.A.T (Centre Artesà Tradicionàrius) es un centro de música tradicional. Una experiencia única en Europa, en donde la música folclórica es residual y marginal. Hablamos con Jordi Fàbregas, director del Festival Tradicionàrius y del C.A.T. —sede del festival— en una entrevista que hemos dividido en tres partes.

Jordi Fàbregas © Juan Miguel Morales
Jordi Fàbregas
© Juan Miguel Morales

Explicar qué es el Festival Tradicionàrius —Festival Folk Internacional— y el C.A.T. nos obliga a recorrer la historia más reciente de la música tradicional y popular catalana, como nos advierte Jordi Fàbregas (Sallent, Cataluña 1951). Esta historia parte de la enorme ruptura que supuso la Dictadura Franquista (1939-1975) para la cultura catalana. No fue hasta los años sesenta que esta cultura reaccionó ante la represión franquista. Y uno de los motores fue la música. El famoso artículo de Lluís SerrahimaEns calen cançons d’ara” (enero 1959), es la chispa que enciende el conocido movimiento de la Nova Cançó. Y que en Cancioneros dedicamos un monográfico en su 50 aniversario, en 2009.

 

Este artículo hizo que la canción catalana rompiera con un tipo de canción que “olía a viejo”, como nos relata Fàbregas: “era necesario hacer canciones de ahora en catalán”, nos sentencia él mismo. El artículo se erigió como punto de referencia para los músicos catalanes. Así, por un lado, apareció el movimiento de la Nova Cançó, que se fijó en los modelos de canción francesa e italiana; y por otro lado surgió otro movimiento entorno al modelo del folk-song norteamericano. Este movimiento fue conocido con el nombre de Kumbaià y su arquetipo, como lo define Joaquim Vilarnau en la revista “Enderrock” (julio 2009), era un joven con interés por la música folk, que tocaba más o menos la guitarra, aficionado al excursionismo y con creencias religiosas que lo aproximaban al sector más progresista de la iglesia católica.

 

Este modelo alternativo al estilo más burgués del cantautor y la Nova Cançó buscaba una nueva estética, una nueva relación entre público y artista, en sintonía con el movimiento hippie y con la nueva iglesia de curas-obreros surgidos del Concilio Vaticano II. Se trataba de adaptarse al territorio y adaptar la canción a la forma de ser del país. Destacan dentro de este movimiento el conjunto Grup de Folk, els Esquirols, Falsterbo 3, y sin duda la figura de Xesco Boix, el animador y folksinger más destacado e influyente de la música catalana. Uno de los grandes hitos del movimiento kumbaià y xirucaire (la chiruca fue el mítico calzado de los excursionistas) fue un concierto en el Parc de la Ciutadella de Barcelona de 1968 que reunió a mucha gente.

 

A lo largo de la década de los setenta, el movimiento kumbaià (también conocido popularmente como ‘cumba’) se va dividiendo en dos líneas: por un lado, entorno a la Sala Zeleste de Barcelona se reúne un grupo de músicos que, partiendo de esta música tradicional catalana, se interesan por un estilo pop-rock progresivo, y por la investigación y creación. Hablamos de grupo muy heterogéneo de músicos como Jaume Sisa, Pau Riba o Joan Albert Amargós; o conjuntos míticos dentro del panorama catalán como Màquina, Música Urbana, y las orquestras Plateria y Mira-sol.

 

Por otro lado, hay otro grupo de músicos que siguen con el monumental trabajo de compilar cancioneros que recojan la tradición musical oral catalana, para reinterpretarla. Esta tarea se inició con el Cançoner Popular de Catalunya, elaborado durante el primer tercio de siglo XX, y que la Guerra Civil Española y el Franquismo dinamitaron. Así es como Artur Blasco, Jaume Arnella y otros empiezan a pasearse por los Pirineos grabando canciones que canta la gente mayor, o encuentran a fantásticos músicos pirenaicos como Peret Blanc (de Beget) o Josep Jordana (el “comare” de Toloriu). Se trataba, pues, de recoger este material musical, hacérselo suyo y servirlo luego con un aire renovado: eran grupos como Tercet Treset, la Orquestrina Galana, la Murga, el Sac de cançons; o el grupo de animación infantil que aun actúa Ara va de bo. Grupos con una regularidad de actuaciones pero sin presencia mediática.

 

En estos años setenta la música catalana empieza a liberarse de las cadenas franquistas (el dictador español muere en 1975). Hay un interesante diálogo en el mundo musical catalán, donde intervienen músicos de diferentes perfiles en estos grupos que beben de esta música tradicional en catalán. Recordamos por ejemplo el grupo L’Harmònica Brava, formado por “40 músicos como Amargós, Toni Xuclà… o el mismo Carles Benavent tocando la mandolina”, como recuerda Jordi Fàbregas. Él mismo nos habla de su grupo, la Murga, un grupo con músicos tan heterogéneos como Josep Pons, con formación en la escolanía de Montserrat y actual director de la Orquestra del Teatro del Liceo de Barcelona; Ezequiel Guillén "Zaqui", más de perfil de pop-rock y actual director del Festival de Cadaqués (Costa Brava); Joan Albert Amargós, compositor muy versátil y unos de los grandes del actual panorama catalán; o él mismo, procedente del mundo de folkis-cantautores que rescataban la música tradicional de la tradición oral.

 

Y llegan los años ochenta, el momento donde la música tradicional y popular catalana crea su primer espacio donde actuar, el festival Saraus de Primavera, un fin de semana en los jardines del antiguo hospital de Barcelona dedicado a conciertos, bailes y otras actividades. Era el germen del actual Tradicionàrius.










 
  

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