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Regreso a la actualidad del «La, la, la»

Más de Serrat y el «La, la, la»

por Luis García Gil el 14/11/2011 

Serrat acaba de grabar con el Dúo Dinámico una versión del inefable y eurovisivo La, la, la.

Lasso de la Vega y Joan Manuel Serrat
Lasso de la Vega y Joan Manuel Serrat

Ramón Arcusa y Manuel de la Calva están de celebración y Serrat no podía permanecer al margen de un disco variopinto en el que comparte cartel con Julio Iglesias o Andy & Lucas (sic). Lo curioso es que Serrat haya querido compartir el La, la, la con sus creadores, una canción que borró de su repertorio y de sus antologías discográficas posteriores. Rescatar el La, la, la suponía regresar al intricado affaire eurovisivo de 1968, a su exigencia de última hora de cantarla en catalán y a la aparición milagrosa de Massiel que le sustituyó y se encargó de rematar una faena muy bien dirigida por los intereses del régimen franquista. Ya se sabe que el triunfo eurovisivo se fraguó en la trastienda de los suculentos intereses televisivos. Tú me votas, yo te compro estos programas y viceversa. El sí de Alemania gestó la operación que desbancó a Cliff Richards y su Congratulations.

 

El La, la, la fue una canción atípica que Serrat jamás eligió, que jamás consideró como parte de su obra. Le impusieron cantarla en Eurovisión por sus posibilidades de triunfo, por lo pegadizo de su melodía, en lugar de la menos comercial El titiritero que Serrat había presentado como candidata. Lejos quedan aquellos días de agotadora promoción por las televisiones europeas, de grabar singles del La, la, la en distintos idiomas con orquestaciones de Bert Kaempfert que en nada desmerecían a las que ejercía Lasso de la Vega con sus representados. El tiempo cura heridas del pasado, las relativiza al menos, y Serrat se ha reencontrado en un estudio de grabación con el Dúo Dinámico para retomar la melodía interrumpida que conducía al Royal Albert Hall de Londres.

 

La historia es compleja. Serrat grabó primero el La, la, la en castellano pero planteó y finalmente grabó una versión en catalán que luego grabarían Los Stop. Alrededor de Serrat debieron existir presiones de todo tipo, de un lado y de otro. En ese momento sucede un cambio de posicionamiento en el cantante que se da cuenta, y le hacen darse cuenta, de que no puede ni debe representar a una televisión manipulada por el régimen franquista y que de hacerlo debía ser con una versión del La, la, la en catalán.

 

El Festival de Eurovisión era un gran escaparate y significaba mucho para la imagen del franquismo de cara al exterior. De hecho la elección de Serrat suponía un interesado cambio de tendencia, una búsqueda de una imagen más europea, más juvenil, menos encorsetada. El cantautor catalán representaba aires de modernidad para la canción que se hacía en España en aquel momento. Lo que Serrat traía con su imagen cercana y su guitarra al hombro era un nuevo modo de entender la canción que se abría machadianamente a nuevos caminos y que superaba ese perfil más conservador, más anquilosado que representaba el modelo de canción amanerada de Raphael, como bien se encargó de estudiar Andrés Amorós en un capítulo de su libro Subliteraturas. Raphael había representado a España un par de veces, la última en 1967 en el que fue derrotado por Sandy Shaw. La revista Mundo Joven mostraría ese paso de Raphael a Serrat que da buena parte de la juventud española que buscaba otras referencias, otros modelos.

 

Serrat era el ídolo de una España nueva y daba voz a una nueva sentimentalidad tal como supo ver Manuel Vázquez Montalbán en su ensayo pionero sobre el cantautor. El éxito masivo siempre trae de la mano contradicciones, inevitables concesiones y la pureza es más fácil de mantener en los círculos más minoritarios. Por eso se decía que Raimon era más íntegro y puro que Serrat pero Serrat con toda su parafernalia popular y mediática a cuestas nunca perdió esa integridad artística que debía partir de su bilingüismo tan natural como la vida misma.

 

Serrat llegaba como un adelantado de la Nova Cançó, con su recién estrenado bilingüismo que ya había anticipado en la impresionante Cançó de bressol. El cantautor ya había firmado un contrato con Zafiro para grabar en castellano. Lasso de la Vega, astuto negociador, lo tenía todo muy controlado. Toda esa fuerza de este primer Serrat que conquista Madrid a las primeras de cambio la supo ver TVE que le designa como candidato eurovisivo. La historia se irá complicando y la bisoñez de Serrat tendrá algo que ver en esa especie de cul de sac al que se verá abocado.

 

Todavía hoy se nos cuenta mal el La, la, la, todavía leemos a periodistas como Arcadi Espada llevarla a su terreno ideológico para apuntar con bala a Serrat y para decir que el cantautor se benefició de todo aquello, como si en el fondo el joven cantautor catalán se hubiera trocado en príncipe maquiavélico para diseñar todo este asunto a su favor y salir reforzado de la campaña de expiación que siguió a su renuncia eurovisiva. Cierto que aquel Serrat pisaba el resbaladizo territorio de quien también ha de manejarse como industrial de la canción, tejedor inminente con Augusto Algueró de los sueños de aquella Penélope que aguardaba la llegada imposible de su amante en la estación del olvido.

 

Arcadi Espada nos pinta a Serrat en la placidez del exilio parisino al margen de la tempestad eurovisiva, del triunfo de Massiel, de la campaña de acoso y derribo de la prensa franquista. También nos habla de un maletín que le entrega Lasso de la Vega para rociar su exilio de champagne francés y billetes verdes. Un planteamiento muy artero el de Espada pero absolutamente tendencioso ya que el susodicho olvida que Serrat había copado las listas de éxitos del Estado con la poderosamente descriptiva Cançó de matinada y había comenzado una exitosa discografía en castellano de la mano de Zafiro. El La, la, la sólo puede entenderse desde la voracidad de Lasso, desde los intereses en juego y desde la inexperiencia de Serrat que se vio abocado a una situación que no podía controlar.

 

El La, la, la sólo traería para el cantautor catalán problemas, vetos y censuras. El primer termómetro lo constató en Oviedo en un complicado recital de reaparición post-La, la, la. El talento se impondría a las adversas circunstancias, ante las dificultades derivadas de aquella negativa. No pudo decir lo mismo Massiel que fue devorada por la fiebre del La, la, la, por el uso y abuso que de su triunfo hizo el régimen, y todo ello a pesar de que trató de izar la bandera del compromiso en sus canciones. Pero el mito Massiel degeneró en otra cosa, se fue diluyendo y en cambio Serrat impuso su estilo personal, su profundidad y esa apreciable amalgama de copla y canción francófona que incorporó con sabiduría a su equipaje de cantor. Después llegaría la América hispana, piedra angular de la difusión de Serrat, de su capacidad de trascender.

 

Lo he dicho muchas veces. Al bajarse del tren eurovisivo Serrat salvó su honestidad, su integridad y su reputación. Me atrevo a afirmar que si Serrat hubiera seguido con el montaje, con la pantomima eurovisiva, su carrera hubiese tomado otros derroteros y puede que no hubiera tenido la libertad para grabar su elepé dedicado a Antonio Machado o para hacer el histórico Mediterráneo, disco azul de su carrera que siguió a aquel otro disco blanco que agrupaba singles memorables. Digamos que Serrat se salvó a sí mismo. Pagó un peaje que aún dura en nuestros días y que permite que Arcadi Espada sea capaz de decir que el La, la, la benefició a Serrat, "le salvó su futuro".

 

La canción de marras no dejaba de ser un producto eurovisivo hecho a la medida del cantante. El Dúo Dinámico simplificó la personalidad que latía en su cancionero y construyó un estribillo tan inane como efectivo que Serrat parodió a su modo en Muchacha típica. En un momento del La, la, la Serrat dice cantarle a su madre que dio vida a su ser, a la señora Ángeles que había nutrido los recuerdos de posguerra de Cançó de Bressol. El Dúo Dinámico se acoge al tópico de la presencia materna en la obra de Serrat. Lo hace de un modo convencional, sin la fuerza con la que Patxi Andión se expresaba en la coetánea Canto en la que decía cantar a la madre que le parió. Todo debía ser del gusto del consumidor eurovisivo.

 

Después de tanto tiempo, de tantos otoños deshojando árboles y vistiéndose de lluvias, Serrat y el Dúo Dinámico han vuelto a encontrarse. El cantautor catalán canta el La, la, la en su lengua paterna recobrando aquella versión que no llegó a circular oficialmente y que anunció Edigsa. Y la versión demuestra lo obsoleta de la pieza cuyo rescate sólo complacerá a los curiosos, nostálgicos e incondicionales. Otros como Espada seguirán difundiendo una versión que nada tiene que ver con la realidad ni de Serrat ni de su obra.










 
  

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