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Valores emergentes

Iñigo Coppel. Motivos para un encantamiento

por Fernando G. Lucini el 01/07/2012 

Íñigo Coppel
Íñigo Coppel

Una de las cualidades que más admiro y que más me emocionan de este creador vasco llamado Íñigo Coppel, al que hoy voy a dedicarle un extenso artículo, es su capacidad para imaginar, crear y contar historias fantásticas —absolutamente maravillosas: críticas, tiernas, emocionantes y hasta divertidas—; historias que discurren entre la verdad deseada y la irrealidad soñada, como la de su encuentro con Carlos Gardel en el Olympia de París; con Bob Dylan y sus fans en uno de sus conciertos parisinos: con Woody Allen, con Elvis..., o con el mismísimo Jesús...; y, en otra perspectiva, historias geniales y magistralmente narradas, como la vivida a los trece años con una tal Laura —hermosa y malvada—, o la de su escapada ala Edad Media y la salvación de su vida gracias al "rock and roll".

 

Pues bien, en el contexto de esa cualidad de Íñigo, como creador y contador de historias, voy a permitirme iniciar este artículo contando una historia propia: la historia de como conocí y me quedé "colgao" a las canciones de un tal Coppel nacido en Getxo, y actualmente residente en Madrid.

 

Ya he dicho en más de una ocasión que mi relación con la "canción de autor" es una relación de "reencuentros" y de "retiradas"... Hace aproximadamente un año y medio —después de la retirada que emprendí tras escribir los tres volúmenes de mi libro «...Y la palabra se hizo música»— tomé la decisión de reencontrarme de nuevo con el universo de la "canción de autor" para conocer lo que estaban componiendo y cantando los jóvenes creadores.

 

Íñigo CoppelHa sido un año y medio de grandes sorpresas y descubrimientos, y también —he de confesarlo— de significativas decepciones. Entre esas sorpresas ha sobresalido, con creces, el descubrimiento de Íñigo Coppel. Fue así:

 

Con bastante frecuencia, cuando durante este año y medio pasado he ido a los conciertos que me interesaban, o por los que sentía cierta curiosidad, me he solido encontrar con un joven al que no conocía y del que ignoraba que fuera cantante. Curiosamente, siempre que nos encontrábamos, cruzábamos alguna mirada de complicidad aparentemente injustificada, nos saludábamos de forma anónima, escuchábamos música en el mismo local, pero nunca llegamos a hablar —nunca me dijo: «Yo también canto»; o nunca yo le pregunté: «¿Tú cantas?»—.

 

El caso es que después de encontrarme varias veces con él empecé a sentirme muy atraído por el misterio de este personaje de mirada profunda y muy expresiva, de cierta timidez y, de tremenda humildad. (En cierta medida era una situación muy similar a la forma en que hace años me encontré, conocí, admiré y me hice amigo, en Madrid, del grandísimo Alfredo Zitarrosa).

 

Hace aproximadamente mes y medio, Dani —que trabaja en Libertad 8— me regaló un CD con dos canciones de Íñigo Coppel —es decir, de aquel personaje desconocido con el que solía encontrarme en los conciertos—; regalo que siempre le agradeceré porque gracias a él empecé a desentrañar el misterio que aquel vasco que de vez en cuando se cruzaba en mi camino...

 

Aquellas dos canciones me sorprendieron y me engancharon, Esto es lo que parece y Blues hablado sobre el mayor fan de Bob Dylan del mundo.

 

A partir de ahí empezamos a hablar y a conocernos un poco. Le invité a participar en los encuentros que hemos celebrado recientemente en Libertad 8, y lo hizo interpretando a Sabina, a Labordeta y el hermosísimo tango De puro guapo; participación que me sorprendió sobre todo al descubrir y al sentir lo bien que Íñigo se desenvolvía cantando en registros musicales tan diferentes... Como remate, el lunes pasado asistí por primera vez a uno de sus conciertos —fue en Libertad 8—; ¡aquello fue definitivo!, el misterio y la magia de Íñigo Coppel definitivamente consiguieron atraparme: Íñigo, con su sencillez y su humildad —de la que muchos de sus compañeros deberían aprender— es uno de los más completos creadores que tenemos en España.

 

Íñigo Coppel en el Libertad 8
Íñigo Coppel en el Libertad 8

 

Tras toda esta larga introducción, y tras la declaración de mi admiración y mi encantamiento hacia el trabajo de Íñigo Coppel —sé que compartida con muchas más personas— voy a concretar algunas de las cualidades que más me llaman la atención y que más me atraen de su trabajo, es decir, voy a exponer los motivos de mi encantamiento; incluso voy a atreverme a enumerarlos:

 

Uno: Iñigo Coppel es un compositor y un guitarrista de grandísima calidad... ¡posee magia e inspiración en sus manos!...; es un auténtico placer sentir y dejarse atrapar por los sonidos "zurdos" que es capaz de arrancarle a su guitarra... A veces echa mano de su armónica, o le pide, por ejemplo, a Manu Clavijo que le acompañe al violín... ¡magnífico!... ¡está muy bien!... pero el protagonismo en sus conciertos ¡es claro!... reside en la sensibilidad de sus manos y de sus sentimientos.

 

Dos: Para Iñigo Coppel como creador y como intérprete la música y la canción no tienen ni límites, ni fronteras... ¡ama la música! ¡La ha escudriñado! ¡Y la lleva dentro!... y lo mismo le da un "rock and roll" que un "blues"; un "tango" que una "balada"...; Dylan y los poetas "beat"; Paul Simon, Brel, Cohen, Gardel, Elvis, Labordeta o sus propias composiciones... ¡sorprendente su multimusicalidad!... Imposible aburrirse o dejar de disfrutar en sus conciertos.

 

Tres: Íñigo Coppel canta con sinceridad, sintiéndolo en las venas; el suyo es un canto que rezuma autenticidad y pasión...; es un canto que conmueve y emociona, que sorprende y solivianta...; es canto libre —como el de Víctor Jara—, y en libertad...; ¡canta "como" y "lo que" le viene en gana!.... ¡y además bien!... Ya se lo dijo el buen Jesús: «Íñigo que ningún soplapollas te diga como tienes que cantar».

 

Cuatro: El canto de Íñigo Coppel es comprometido; late y tiene corazón... Él sabe bien que así ha de ser, y acaba de dejarlo muy claro en la canción Íñigo Coppel en el Olympia, tema —todavía en proceso de creación— con el que inició su concierto del lunes:

 

«Siempre fue el gran sueño de mi vida

cantar en el Olympia de París

y la gracia me fue concedida,

dejadme que os lo cuente, “mes amis”,

Yo estaba tan desesperado,

había perdido la ilusión,

y entré en aquel lugar sagrado

a cantar mi última canción,

comencé a andar por los pasillos,

oí a las sombras gemir,

me cegó un fuerte brillo

y Él se apareció ante mí,

reconocí su sonrisa,

su porte y su esplendor,

lloré y me arrodillé deprisa,

“Eres Gardel, el gran cantor”.

El Maestro dijo: "Amigo,

sé muy bien adonde vas,

ven, camina conmigo

y no te quedes atrás.

“¿Y estas almas en pena?,

¿Quienes son?” -le pregunté.

“Aquí cumplen su condena

todos los músicos que

traicionaron a su canto

o cantaron sin pasión,

por eso llevan con espanto

en su mano el corazón...”».

 

Y quinto —y aquí me planto, aunque podría seguir enumerando cualidades—: Las canciones de Íñigo Coppel poseen una «poÉtica» de gran calidad literaria y humana; es la suya una «poÉtica» cargada de sensibilidad; sensibilidad presente, por supuesto, en sus hermosas canciones de amor, como Esto es lo que parece«te quiero y no me importa nada más. Yo te quiero y... ¡qué importa lo demás!»—: pero que va mucho más allá; sensibilidad especialmente emocionante, por ejemplo, cuando el lunes pasado dejó la guitarra, se sentó al piano, tomó su armónico y nos cantó Recuerda el viento.

 

Íñigo Coppel © Guillermo Asián
Íñigo Coppel
© Guillermo Asián

 

«Oh, ya lo sé, mi hermano

tú no eres un piano

recuerda el viento

recuerda el viento

 

Tú fuiste un bello roble

tú fuiste libre y noble

recuerda el viento

recuerda el viento

 

pero ellos te talaron

al suelo te empujaron

recuerda el viento

recuerda el viento

 

y en este bar de cantautores

a nadie le importa que llores

recuerda el viento

recuerda el viento

 

Dejas que canten y te abran,

“Libertad” es su gran palabra

qué sabrán ellos

qué sabrán ellos

 

Acaso piensan que son libres

se equivocan, no son libres

recuerda el viento

recuerda el viento

 

Yo te comprendo, amigo

déjame beber contigo

recuerda el viento

recuerda el viento

 

Yo también sé de derrotas

mi espalda está tan rota

recuerda el viento

recuerda el viento

 

Si supieras que me han hecho

y el dolor que hay en mi pecho

recuerda el viento

recuerda el viento

 

Quizá con este vino

olvidemos el destino

por un momento

recuerda el viento

 

y brindemos por aquellos

que aún son libres y son bellos

recuerda el viento

recuerda el viento

 

¡Salud! ¡Salud! Mi hermano,

déjame darte la mano

y recuerda el viento

recuerda el viento».

 

¡Magnífico Iñigo Coppel!... En pocos meses podremos disfrutar de su nuevo disco; mientras tanto una recomendación...; la siguiente:

Portada del disco «El hombre que mató a Íñigo Coppel» de Íñigo Coppel.










 
  

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