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«El futuro es hoy»

Teresa Parodi: «Si hay un momento que representa todo lo que soy, tengo que salir a decirlo»

AGENCIAS el 13/08/2012 

Teresa Parodi es un referente indiscutible de la canción popular, argentina y latinoamericana, una artista que desde su juventud luchó “por un país con justicia social”. Comprometida con su tiempo y su lugar, celebra el nuevo rol de la mujer: “El futuro es hoy”, dice.

Teresa Parodi

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Télam/Florencia Copley - Con sonrisa sincera y mirada profunda, Teresa Parodi se brinda distendida a la entrevista. Nos recibe en la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC), “que es mi casa —aclara—, que es lo que soy yo”. Y como si alguien pudiera desconocer la inmensa artista que es, agrega: “porque antes que nada, soy autora y compositora de música nacional y latinoamericana”.

 

Teresa Sellarés —su apellido de soltera, ya que Parodi es el que heredó de su ex esposo Guillermo Parodi— se apasiona con el relato de su propia vida, con su presente y con su lugar en el mundo. Maravilla con su calidez y el amor que expresa por todo lo que hace.

 

Sus ocupaciones son múltiples. Coordina el Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECUNHI), tarea para la que fue convocada por las Madres de Plaza de Mayo, con quien las une “una larga historia de amor y de vínculo muy cercano”.

 

“Eso ocupa muchas horas de mi vida, de mi trabajo intelectual. Pero también estoy en este espacio que es SADAIC y en AADI, que es la Asociación Argentina de Intérpretes, mi otra parte”.

 

A su izquierda, colgada en la pared, hay una placa con el nombre de María Elena Walsh. “Resulta que ésta era su oficina y su nombre estaba en la puerta, donde está el mío ahora. Cuando lo iban a sacar, yo les dije a los compañeros 'pónganlo adentro, de acá nunca va a salir'. La verdad es que la admiro mucho y es una mujer que marcó caminos”, explica.

 

¿Qué mujeres te inspiran?

 

Evita, Violeta Parra, Hebe de Bonafini, las Madres de Plaza de Mayo, en general. Mi propia madre, mi abuela… puedo decirte muchas, por suerte. Muchas escritoras, muchas autoras, que fueron muy importantes para mí, que tuvieron mucho que ver en mis decisiones, que me marcaron. Chabuca Granda, Mercedes (Sosa), por supuesto, que tuvo el coraje de elegir un modo de hacer la canción de tal belleza que se convirtió en la voz de América, una bandera para nuestros pueblos.

 

Esas mujeres fueron tan valiosas y tan necesarias que me sirvieron de espejo donde me quiero mirar todos los días. A Cristina la conozco ahora. Me gustaba mucho cuando era senadora, me impactaba su nivel de inteligencia y su pensamiento lúcido. Y bueno, ahora la admiro mucho como presidenta.

 

Son muchas mujeres las que admiro y por eso no me gusta nombrar. Elegir a las personas que te marcaron es muy importante, entonces de repente no se te vienen todos a la mente, ¡y con los años es peor! ¡Pero hay muchas más!

 

¿Sentís que cuando empezaste tu carrera, el hecho de ser mujer te dificultaba algunas cosas?

 

Fue muy difícil porque por más que se supone que somos un país muy liberado, hay cosas que no se dicen pero que se piensan, que tienen que ver con una cultura muy arraigada sobre el rol de la mujer. Hasta las mismas mujeres son a veces machistas.

 

Por ejemplo, mi madre, que era una mujer inteligentísima y brillante, docente, una pensadora y una luchadora, cuando le dije que iba a ser cantora quedó preocupadísima porque tengo cinco hijos, entonces con cualquier pavada que pasaba en la casa, si ella estaba presente decía: “¿Y la madre? ¡Cantando!”.

 

¿Cuál fue el primer punto de inflexión en tu vida donde se empezó a construir esta artista que sos hoy?

 

Quizás el primer momento muy importante fue cuando yo era maestra. Mientras estudiaba música en Corrientes, cruzaba al Chaco y también estudiaba literatura, pero en un momento desperté muy claramente a la militancia y abracé las ideas de mi generación apasionadamente, me involucré con la Juventud Peronista, entonces quise ser maestra donde hiciera falta y para eso tuve que dejar la facultad y me fui al monte misionero. Esa decisión cambió mi vida y cambió mi canción.

 

Cuando aprendí de la gente tan olvidada, tan perdida allá lejos y hace tiempo, aprendí a no perder la esperanza, a construir la esperanza todos los días. Eso fue extraordinario. Fue un momento tremendo, maravilloso. Tenía 19 años.

 

¿Por qué decidiste irte de Corrientes?

 

En el año 79, con el que entonces era mi esposo y el padre de mis hijos, en un momento dado y por razones políticas, en plena dictadura, tuvimos que venirnos a Buenos Aires. El exilio nuestro fue interno. Un exilio en el mismo país como les pasó a muchos. A él lo echaron del trabajo, estuvo detenido y nunca más consiguió trabajo en Corrientes, así que terminamos viniéndonos para acá y yo me perdí en todos los espacios de resistencia.

 

Primero vinimos solos, que fue algo muy doloroso para mí. Dejamos a los chicos allá, que iban a la escuela, en casa de mi mamá. Yo viajaba todos los fines de semana para verlos un ratito porque entonces el viaje era de 18 horas. Me quedaba un rato con ellos y volvía. Fue terrible. Mi hijo menor tenía tres años.

 

¿Cómo construiste tu carrera desde que llegaste a Buenos Aires?

 

A mí nadie me conocía pero había mucha gente que le gustaba lo que yo cantaba y por ejemplo me organizaba recitales en casas. Ellos invitaban amigos de amigos de amigos. Se armaban unas redes alucinantes que no se puede creer la cantidad de recitales que di en casas de familia.

 

Después, cuando llegó la democracia, en el año 84 gané Cosquín con mis canciones. Ese momento fue importantísimo para mí. Recuerdo que caminaba al escenario y por un lado escuchaba las voces de mis amigos que me querían y me habían apoyado todo ese tiempo de resistencia, y me decían: “no cantes tus canciones porque son desconocidas”. Y por otro lado, mis hijos me decían: “cantá tus canciones, mamá, cantá tus canciones”.

 

Como yo tocaba sola podía decidir hasta que me sentaba en la sillita. No tenía que armar repertorio para nadie, así que me senté, miré el público y empecé a cantar mis canciones. Seguí mi corazón, mi intuición y canté. Y esa noche gané Cosquín. Me dieron el premio Consagración y mi vida cambió definitivamente.

 

¿Cómo fue el primer Luna Park que hiciste?

 

Fue conmovedor. En aquel momento la gente salía a buscarse a sí misma, a buscar los sonidos que le habían robado, los mensajes que le habían quitado, a encontrarse con el otro, sentir la libertad. Se abrían las puertas.

 

Uno salía de un túnel larguísimo, terrible, doloroso, lleno de miedo, de frío, de horror. Estábamos atravesados de todo lo que había pasado, sin que todavía eso saliera realmente con todo su espanto a la luz.

 

En tiempos del menemismo construiste tu propia resistencia…

 

En ese momento decidí dejar de hacer festivales porque intuía que venía toda esa cosa banalizada y dejo por cuatro años. Me dedico sólo a hacer un espectáculo que se llamaba Como dicho al pasar. Sola con mi guitarra en lugares pequeños.

 

Era un monólogo que consistía en un diálogo imaginario con un personaje de mis canciones: La Margarita. Esa mujer de otro país, ese país que yo encontré en el monte viviendo con intensidad desde el magisterio, ese otro país del que soy parte. Ese país que tiene otros valores que yo quería construir desde mis ideales políticos y mis sueños de juventud que siguen siendo los mismos, a los 64 años.

 

Hice esto hasta que Mercedes Sosa, la grande, la querida, la amiga, la hermana mayor, me dijo: “Teresa vos tenés que volver a los festivales, a los espacios grandes, abiertos”. Me vino a ver muchas veces, lloró mucho cada vez que me fue a ver a esos conciertos, cantó muchas canciones que yo compuse en ese tiempo, pero Mercedes me decía: “tenés que volver porque el lugar que no ocupa un cuerpo, lo ocupa otro. Tu voz no puede estar ausente, tenemos que hacer un camino de resistencia en todos lados”.

 

Y volví con un disco que se llamó Señales de vida, en respuesta a esto que me había instado Mercedes. Hablamos mucho, pensamos mucho con ella y con otros compañeros, y finalmente volví a los festivales.

 

¿Cómo estás viviendo este momento de la Argentina?

 

Siento que tengo la suerte, el privilegio, que tiene mi generación de haber luchado tanto por un país ideal, un país con justicia social por el que uno dejó tantas cosas y perdió tanta gente querida, y de golpe estamos en esa construcción.

 

Soy privilegiada porque lo puedo ver y puedo decir “lo estamos haciendo”. Lo puedo decir en nombre de tantos compañeros desaparecidos y algunos familiares que perdí en esas luchas y amigos entrañables para mí, a los que les escribí muchas canciones. Ahora, cada vez que hago algo pienso que lo hago con ellos.

 

Por supuesto también es difícil porque hace que algunos te borren de su agenda. Pero también pensé: “si toda la vida salí a decir lo que no me gustaba, si hay un momento que me parece que es bueno y representa todo lo que yo soy, tengo que salir a decirlo”.

 

Lo bueno es que estemos como país en plena discusión, que tantas leyes importantes hayan salido, que tantas cosas estén saliendo después de que tanto se tapó y se calló. Por eso prefiero esta Argentina así, como enfrentada consigo misma, pero con el pueblo comprometido con una manera de ver el mundo.

 

¿Considerás que hubo cambios durante los últimos años en el país respecto de los derechos de las mujeres y las reivindicaciones de género?

 

Sí, cambiaron muchas cosas. Te voy a contar lo que me contó una señora en una charla que fuimos a dar con Susana Rinaldi en una serie de encuentros organizados por la Fundación Mercedes Sosa en el mes de la mujer.

 

Ahí hablamos del rol de la mujer y una señora se acercó y me dijo: “Le voy a contar una anécdota que me encantó y me pasó en la vereda de mi casa, que había unas nenas jugando. ¿Vio que antes jugábamos a que éramos maestras y a la mamá…? Bueno, las nenas jugaban a ser presidentas. Decían 'no, no, vos ya fuiste mucho tiempo presidenta ahora dejame ser a mí'.

 

Esas son las cabezas que estamos cambiando. Esas nenas parten de que pueden ser presidentas, saben que tienen otro lugar, lo ocupan. Eso me llenó de emoción. ¡Le di un abrazo a esa señora! Es una hermosa historia. El futuro es hoy. 










 
  

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