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Los Necios (X)

León Gieco: El peso de la historia

por Reiner Canales y Dino Pancani el 30/05/2009 

Mercedes Sosa le dice “mi Leoncito” y hay que ver cómo se quiere este par. Es que cómo no apreciar a León Gieco, que en cada una de sus canciones entabla contacto (la palabra que más utilizaba Julio Cortázar, otro entrañable, para referirse al acercamiento entre las personas) con las frustraciones, con los triunfos, con las vidas que siendo particulares tienen la insignia de un pueblo.

Es duro León. Habla duro. Desde 1973, cuando aparece su primer álbum, homónimo, ya quedaba claro por dónde iría su opción: “Búsquenme donde se detiene el viento / donde haya paz o no exista el tiempo (...) Búsquenme, me encontrarán / en el país de la libertad” (En el país de la libertad).

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La cultura musical popular argentina, por variedad y calidad, por sus tangos, sus milongas, por su influyente rock en castellano, fue caldo adecuado para alimentar a gente como León, dando como resultado un músico mestizo tan lleno de referencias (Dylan, Seeger, Beatles, Stones, Yupanqui) como original, por su empecinamiento en responder a su tiempo, a estar ligado a su circunstancia. León, pues.

 

Las influencias, León.

 

L.G.: Mirá, influencias tengo de Atahualpa Yupanqui, de Zitarrosa, de Bob Dylan. La influencia mayor de las letras está sacada de los diarios. Yo leo el diario todos los días, tal es así, que Spinetta en broma me dice que yo soy un noticiero del rock. Soy un adicto a leer uno o dos diarios por día.

 

¿Alguna sección en especial?

 

L.G.: Ahora en este momento no sé cuál decirte, pero me estoy saltando la de política, no me interesa en absoluto lo que dicen los políticos.

 

¿Por qué?

 

L.G.: Porque... primero estoy hablando de los políticos de mi país, porque hace bastante tiempo que los políticos lo que único que están queriendo es zafar la situación, no tienen ninguna respuesta de nada y además es un poco un rechazo a que sean considerados los superstar de los diarios, de la televisión, de todo. Los diarios y la televisión están normalmente volcados, fanatizados por destacar en las primeras noticias y en las primeras hojas de los diarios, a los políticos. Entonces, los políticos se ponen culo, se arreglan los dientes, se estiran los cachetes, se achican la oreja, se ponen cabello, porque se creen que son unos artistas de radio y televisión, lo toman como que tienen que dar una buena apariencia. Y, en realidad, con este último gobierno que hemos tenido, hubo tanta corrupción en Argentina, tanto desbeneficio moral, tan cambalache de todo, con mentiras dichas en la cara: por ejemplo, salir de garante de paz entre Perú y Ecuador y enviarle armas a Ecuador, ¿viste? Unas cosas tremendas.

 

Esas partes ya las salté. Pero, leo, más o menos... hago un testing de violencia, de lo que hay en la violencia. Eso implica que las canciones van por un rumbo determinado. Después leo cómo va la educación, los pueblos; en realidad, creo que es la salvación de todo, la educación es la salvación de todo; la solución no es política. A los chicos hay que enseñarles las cosas verdaderas desde los cuatro, cinco años, como, por ejemplo, a no fumar y no tomar alcohol. Si vos a un chico de esa edad le podés enseñar cómo tomar un juguete, porque lo agarra mal, perfectamente le podés enseñar a no fumar. Un chico que no fuma o bebe, ya sale especial y es muy probable que no tome las otras drogas más pesadas. Yo creo que todo es en la educación. Pero, claro, la educación está manejada por las corrientes que mueven al país. Entonces, en estos momentos, vos leés la historia argentina y es una mentira total. Estudian que el gobierno central de Buenos Aires necesitaba los terrenos del Sur del país y que tuvieron muchas guerras contra los indios. Y, en realidad, Roca fue a sacarle la Patagonia a los mapuches. Y acá estarán enseñando que la Patagonia es chilena y allá nos enseñan que la Patagonia es argentina, entonces, nos meten en un lío, en una especie de argentinofobia y chilenofobia entre nosotros mismos y somos dos países que sufrimos las mismas consecuencias de mangas de hijos de puta en el gobierno que nos mienten permanentemente; en realidad, el que más miente es el militarismo que hay dentro de los países.

 

¿Y cómo está siendo contada en la historia la dictadura de tu país?

 

L.G. (indignado): ¡No está siendo contada! ¡No está siendo contada! Acá menos.

 

Acá menos.

 

L.G.: No. No está siendo contada. No existe un libro de historia, en estos momentos, que diga que el gobierno de Videla, que fue del año ’76 al año ’82, hizo desaparecer personas y mataron a 30.000 personas, que se robaron chicos y que tiraron la gente al mar, y que el propio presidente, que era Videla, hablaba de los desaparecidos y decía: “¿Los desaparecidos? Los desaparecidos, desaparecidos son. No tiene que preguntar nadie más por los desaparecidos”. Eso era lo que decía nuestro presidente militar en la República Argentina el año ’76. Los únicos que han hecho una obra y un trabajo fue la resistencia popular a través de libros, que son muy importantes, revistas, diarios, radios, algunos programas de televisión y después todo el trabajo que hacen ex-detenidos, hijos de desaparecidos, las Madres de Plaza de Mayo, las Abuelas, o sea, llaman mucho la atención de la prensa estas personas, son respaldadas por nosotros los músicos, los artistas, bueno, no todos, ¿no?, pero, la mayoría de la gente que habla de lo que hablamos nosotros, respaldamos siempre esa lucha, colaborando, haciendo discos, recitales a beneficio.

 

¿Qué tan importante fue la canción en ese tiempo?

 

L.G.: Mirá, en la dictadura militar había tres manifestaciones populares bien marcadas: una era las canchas de fútbol, o sea, el fútbol; otra era las peregrinaciones a Luján, que son unas peregrinaciones religiosas; y otra era los recitales de rock. Por supuesto, que en el fútbol y las peregrinaciones la policía los resguardaba, cuidaba de que no hubiese accidentes, y en los recitales de rock, era ya normal, la gente lo aceptaba como era, que a la salida se plantaran veinte, cincuenta micros (de policías), y se llevaran a doscientos chicos, todos los conciertos de rock. Entonces, los chicos ya sabían que iban a un concierto de rock y por ahí aparecía la policía. Les tomaban los documentos, les hacían poner los dedos, justificaban que habían detenido doscientas personas para el control, qué sé yo, y después los largaban. En una de ésas, no todos los chicos reaccionaban de la misma forma, no todos los chicos se quedaban quietitos y de pronto saltaba uno que decía “el Che Guevara” y lo calcinaban. Entonces, aparecía un muerto dentro de los doscientos pibes que llevaban. Eso era más o menos lo que pasaba.

 

Pero ya era controlado, porque cuando planeábamos la organización de los conciertos, tenía que quedar un lugar para las micros de los policías que venían a detener a los chicos.

 

Yo siendo cantante, cuatro o cinco veces, soporté dos semanas de cárcel. En Comodoro Rivadavia vinieron 25 policías a buscarme al escenario. Yo estaba cantando y llegó un policía al escenario a decirme que estaba cantando canciones prohibidas y salí rodeado de policías. Me pasó lo mismo en Córdoba y Buenos Aires.

 

La canción ocupaba un espacio primordial, porque la canción era resistencia. El rock y el nuevo cancionero folclórico y los tangos como “Cambalache” eran la canción de resistencia. A Mercedes Sosa la amenazaron, la llevaron presa y se tuvo que ir del país, todos nos tuvimos que ir del país en algún momento, porque ellos venían ganando.

 

¿Dónde estuviste?

 

L.G.: Yo estuve en toda Latinoamérica, después viví un año en Estados Unidos y después estuve como cinco meses en Europa, España, Italia, Inglaterra. Y cantando y trabajando para poder vivir; en ese momento yo tenía a mi mujer y a mi primera hija. El ’80 la cosa empieza a aflojar. El ’82 vuelve Mercedes Sosa, en donde hicimos un concierto en el teatro Opera, en donde fuimos todos a apoyar su llegada. Y fue como de un día para otro la democracia: fue la Guerra de las Malvinas y terminó la dictadura militar. Juicio a todos los militares: se les hizo un juicio, se les dio cadena perpetua a todos estos asesinos y hubo focos de resistencia, en los que el presidente de ese momento, Alfonsín, tendría que haberse jugado (yo creo que si se hubiese jugado, hubiese ganado), y lograron sacarle una parte, porque la resistencia fue de los tipos que habían sido manejados para que vayan a torturar, a hacer desaparecer personas, a violar, todo este tipo de cosas. Entonces, Alfonsín dio lo que se llamó la “obediencia debida”, libertad a los que obedecieron órdenes, digamos. Dejó libres y sin ningún recurso para juicio a todos los que habían trabajado... a todos los que se habían divertido, en realidad, (la voz de León se hace gruesamente rotunda) dejó libres a los grandes asesinos, que se habían divertido como locos, porque usaban alcohol, usaban cocaína, violaban a cualquiera, se tomaron realmente la vida en sus manos. Los generales fueron uno o dos años a una cárcel de lujo y después vino Menem, el primer gobierno de él, casi al final, en la Navidad, y anunció que iba a dar el indulto a los generales. Así que indultó también a estos homicidas.

 

Cuando menciona al rock, ¿había ya en ese tiempo rock oficial y no oficial?

 

L.G.: ¿Qué sería el rock oficial? Nunca el rock fue oficial.

 

Quizás la palabra es aceptado o masivo.

 

L.G.: A ese nivel, el rock siempre fue masivo, nunca oficial. Allá decir “oficial” es decir “de parte del gobierno”.

 

No, no, no.

 

L.G.: Ah, oficializado, aceptado. Nunca hubo un rock que no fuera así en Argentina, desde sus comienzos. O sea, desde la primera canción que fue un hito, “La balsa”, allá por el año ’68, más o menos, fue una canción que marcó un hito, porque a partir de ahí, como decís vos, el rock fue oficializado, fue un movimiento popular grande, aceptado en la televisión, en las radios, todo el tiempo, hasta los días de hoy. Antes de eso, el rock comenzó a ser, y ¿cómo comenzó a ser? Por supuesto, peleándose con la policía, en un lugar que se llamaba “La cueva”, en donde se juntaban grupos de rock, el movimiento hippie de Buenos Aires, que era golpeado, de vez en cuando, por bandas de fascistas. Uno de los dueños de “La cueva” era Sandro. O sea, Sandro fue también uno de los primeros rockeros. Después Sandro se fue por el lado de la canción comercial, y aparece “La balsa”, compuesta por Litto Nebbia con Los gatos y a partir de ahí el rock fue totalmente aceptado por la gente, tal es así, que yo hablo de movimiento folclórico.

 

¿Existe un rock argentino?

 

L.G.: Sí, sí existe un rock argentino, chileno, boliviano, y de todos los países, existe un rock latinoamericano.

 

Miguel Ríos nos contaba que al comienzo no era propio poner apellido al rock, porque todo el rock era anglosajón y que sólo ahora los distintos lugares han logrado darle una base cualitativamente nueva, original o distinta.

 

L.G.: Siempre fue así. Escuchame: yo te nombró, sin ir más lejos, Arcoiris, por ejemplo, hacía música folclórica argentina; Almendra, que es Spinetta, había usado en el primer disco un bandoneón, tocaban zambas; Vox Dei... Claro, sale todo de Elvis Presley, los Beatles, por supuesto que viene esa onda, pero acá se forma y empieza a nacer un rock que tiene una mixtura de todo lo que escuchamos. En Chile estaba Congreso, Los Jaivas, Los Blops... Los Jaivas hicieron toda la vida folclore chileno y fueron uno de los primeros grupos de rock en Chile. En Perú, en Colombia había comunidades con sus grupos de rock y artísticos. Por supuesto, no vamos a negar la influencia del rock norteamericano, inglés, que fue la papilla, digamos, el primer alimento.

 

¿El rock mantiene ese espíritu de lucha, de resistencia?

 

L.G.: Ahora, yo no sé lo que pasa en... Pero yo creo que sí. Lo que pasa es que “pinta tu aldea y pintarás el mundo” es una frase bastante general, pero podés aplicarla a Latinoamérica y yo creo que si pasa esto en mi país, es muy probable que pase también en Chile, en Bolivia, en Colombia, en los países latinoamericanos. No te olvides de que América está manejada por la misma vara: la muerte de Allende, por ejemplo, y la muerte de Víctor Jara nos vienen a anunciar a nosotros todo lo que pasó después en Latinoamérica: una sucesión de gobiernos militares totalitarios y asesinos, manejados e incentivados espiritualmente, con armas y con poder, por el gobierno norteamericano.

 

¿Cómo se maneja el rock en esos momentos? Las letras son prohibidas y los artistas de rock tratan de cambiar las letras, para que se entiendan entre ellos y el censor no. Eso fue lo que pasó en la época del gobierno militar.

 

Después viene un rock suave, post-militarista, las letras son modernas, empiezan los colores, que fue el rock de los ochenta. Todo el rock de los ochenta es un rock sin letras comprometidas, pero era necesario también, ¿entendés?, porque estamos viviendo una época llena de miedo, llena de peligros, que no sabemos qué va a pasar, tenemos miedo de que vengan otra vez los militares, entonces, hay una letra, yo no diría híbrida, es una letra paisajista, digamos. Pero, después en los noventa empiezan a generarse nuevos grupos de rock en donde cantan cosas como, por ejemplo, “los políticos usan cocaína” de Molotov, me parece, acá en Chile, un grupo que me parece se disolvió; yo toqué con ellos y con Charly García en Ritoque.

 

El rock en los noventa empezó otra vez a volverse contestatario. Si antes teníamos tres o diez motivos para luchar, ahora tenemos 57, porque nos quedan todas las consecuencias que trajeron las dictaduras militares.

 

Más allá de las décadas, yo me considero un guerrillero del rock, no vas a encontrar un disco mío leve; en todos mis discos hay letras contestatarias.

 

Una pregunta más específica. ¿Cómo fue recibida Sólo le pido a Dios?

 

L.G.: Bueno, censurada, prohibida. Los militares me decían a mí: “Usted no puede cantar una canción de paz en época de guerra”. Y la gente lo convirtió en un himno.

 

¿Crees en Dios?

 

L.G. (un poco sorprendido): ¿Yo?

 

Sí.

 

L.G.: Tengo mis explicaciones acerca de Dios; creo en los dioses más bien paganos, en los dioses indígenas. Creo que ellos están más acertados que el catolicismo. Creo en la diosa Luna, en el dios Sol, en las lluvias, en las tormentas, el mar, creo en el dios Naturaleza, que eran los dioses de los indios. También creo en el destino, y creo, hablando del catolicismo, en un hombre llamado Jesús, me parece que fue un revolucionario, fue una especie de Che Guevara en una época determinada. Todo lo demás no me entra.

 

 

Santiago de Chile, 4 de septiembre de 1998.

 










 
  

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