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Entrevista

Guillermo Anderson, uno de los secretos mejor guardados de Centroamérica

por Xavier Pintanel el 27/08/2013 

Guillermo Anderson, hondureño y centroamericano militante. Compositor, cantante y «todólogo». Uno de los secretos mejor guardados de Centroamérica que nos gustaría poder desvelar a los cuatro vientos.

Guillermo Anderson © Xavier Pintanel
Guillermo Anderson
© Xavier Pintanel

 

Guillermo Anderson es uno de los secretos mejor guardados de Centroamérica. Compositor y cantante, se define como "todólogo" que es una manera humilde y discreta de definir a alguien profundamente solidario y dispuesto a echar una mano siempre que se le requiera.

 

Guillermo es un hombre que ríe mucho. Ríe con los ojos cuando te mira y ríe constantemente cuando conversa. Y esa risa, en lugar de quitarle trascendencia a sus palabras, las llena de sentido. Es eso que comúnmente llamamos carisma.

 

La música de Guillermo engancha desde el primer momento. Huele a Caribe por los cuatro costados pero no a ese Caribe cubano al que nuestros oídos están tan acostumbrados, sino a ese multiétnico y plurilingüe que va desde Panamá hasta Guatemala y Veracruz.

 

Naciste en La Ceiba, Honduras.

 

La Ceiba es una ciudad de la costa hondureña que primeramente era una ciudad que producía mucho azúcar, después se convirtió en la ciudad típica bananera. Por ahí salía la mayor parte del banano que se producía en el país que iba para lugares como Europa, Estados Unidos vía la Habana y hacia Nueva Orleans. La ciudad no estaba conectada con el resto del país. Nació de frente al mar y se desarrolló hacia el mar con muchas influencias del Caribe inmediato, con un contacto muy fuerte con ciudades como Nueva Orleans.

 

Es decir, un cóctel de culturas y músicas…

 

Musical y culturalmente la ciudad se alimentó de música de Nueva Orleans, de música de Cuba, de música de Jamaica, de música de las Antillas y la zona donde está ubicada es un espacio pequeño pero que reúne varias de las señas de Honduras.

 

Yo siempre digo, por ejemplo, que en un café que frecuento, en una mesa puede haber gente hablando garífuna, puede haber otra persona hablando créole, hablando inglés de las islas cercanas, puede haber alguien hablando miskito, hablando en castellano. Puede haber blancos descendientes de los ingleses que poblaron en el tiempo de la colonia el Caribe.

 

Y de ahí nace tu música.

 

Efectivamente crecí en una ciudad donde nada nos era extraño, ninguno de estos ritmos. La cultura garífuna, que es una mezcla de indio arahuaco-caribe con africano que puebla desde Nicaragua, toda la costa de Honduras hasta Guatemala y tiene una tradición de percusión muy fuerte y siendo un 4% o un 5% de la población de Honduras el ritmo bandera de Honduras, que es la "punta", es garífuna; la cultura misquita, que tiene una forma muy particular de tocar guitarra; los créoles que son afro descendientes de habla inglesa de las islas inglesas del Caribe que trajeron los comienzos del reggae y del blues.

 

Después los boleros de mi padre y hasta los blancos descendientes de ingleses de las islas del Caribe que escuchan mucha música country.

 

Entonces, yo crecí escuchando todo esto, nada de esto es extraño para mí. Me crié en una ciudad que estaba ahí aislada de alguna forma del resto del país y que era una olla de cocimiento de todos estos ritmos. Creo que en mis canciones, en mis arreglos, van apareciendo todas estas influencias.

 

Pero más tarde te fuiste de La Ceiba.

 

Después de terminar la secundaria en la ciudad de La Ceiba tuve la oportunidad de estudiar en la Universidad de California, en Santa Cruz, un lugar muy abierto a las culturas de todo el mundo y fue un buen lugar para formarme. Yo seguí componiendo durante la universidad, trabajé con grupos en San Francisco que hacían música de toda Latinoamérica y durante mis años universitarios fue una época de mucha formación, de aprender mucha Latinoamérica, aprender los ritmos desde el Río Bravo hasta la Patagonia.

 

Cuando yo terminé de estudiar en la Universidad me fui a Europa, joven con sed de mundo, a vagar unos cuatro meses con mi guitarra y eventualmente me regreso a Honduras y regreso a La Ceiba. Regresé para echar a andar proyectos culturales, encontrar recursos para hacer cultura, con mucho interés en el teatro, en la música. Entonces regreso casi como un activista cultural siempre con la idea de hacer carrera en la música como cantautor.

 

Termino fundando un grupo que se llamaba Colectivartes que era multidisciplinar y ese proyecto termina y la gente me queda llamando porque en esos proyectos yo cantaba siempre, componía y la gente me sigue llamando por mis canciones, la gente me sigue llamando porque yo mezclo los tambores garífunas con mis canciones y mis arreglos y es un momento donde se ve que hay una necesidad de representar la música de la región, música que cuente de Honduras.

 

Y yo me veo de alguna forma intencionalmente también queriendo llenar este vacío. Ese vacío que no se sabe nada de Centroamérica, especialmente de Honduras. Todos estos años que se dio la revolución sandinista, la revolución de El Salvador, todo lo que era música, pintura, literatura se concentró, aquí en Europa, en saber qué se hacía en Nicaragua, qué se hacía en El Salvador. Pero durante todo este tiempo en los otros países había gente pintando, cantando, escribiendo, pero pasó desapercibida y resultó como si hubiéramos estado en silencio.

 

Entonces yo, casi intencionalmente, me veo produciendo música, grabando música, participando en festivales para llenar un poco ese vacío. Entonces me comienzan a llamar, me empiezan a invitar festivales y ahí comienzo yo una carrera que me lleva casi 30 años por varios países, como solista o con una banda con la que viajó de ocho músicos.

 

Y te comprometes con tu comunidad.

 

Yo viajo mucho y soy un recurso para el país. En mi país una persona como yo, que ha terminado una educación como la mía, es un privilegiado y si tienes una educación superior, puedes hablar más de un idioma, puedes usar una computadora, eres un ser terriblemente privilegiado.

 

Y si tenemos un poco de inquietud social, te jodiste porque te van a llamar para todo. Y casi que te vuelves un "todólogo". Yo hago de todo: trabajo para niños, he trabajado con la liga de lactancia materna, he estado en fundaciones ecológicas, campañas contra el SIDA, turismo, soy especialista en jaguares… (risas) te involucras en la comunidad y entonces te llaman para todo.

 

Entonces además de ser sólo un músico me considero un recurso y en un país como Honduras si tienes el privilegio de la educación puedes servir mucho a la comunidad. Y yo me he puesto a disposición de muchas de estas causas y por eso en mi hoja de artista aparecen campañas de educación, campañas de salud, campañas de jaguares…

 

Cuando se habla de música caribeña, especialmente en Europa, uno piensa enseguida en el son y en Cuba, sin embargo escuchar a Guillermo Anderson es también escuchar el Caribe sin tener nada que ver con Cuba. ¿Cómo habéis podido guardar este secreto tanto tiempo?

 

Hay países que cuando los ves o los escuchas ya llevan una corchea o una semicorchea a la par, ya están muy identificados musicalmente. Es muy distinto decir Cuba a decir Honduras o Guatemala. Cuba casi como que tiene una nota musical a la par. Brasil, también.

 

Pero tienes toda la costa desde Panamá hasta Guatemala y Veracruz que tienen toda esta influencia, todo este intercambio entre la música africana que se encontró con la música centroamericana y salieron cosas interesantes. La gente me dice por ejemplo en los festivales caribeños "qué interesante, eso suena muy caribeño pero no es afrocubano". Y hay una cosa más profunda que el sonido de la tumbadora cubana o el sonido de lo dominicano, que es un espíritu del Caribe, que es el encuentro entre las culturas.

 

Mi forma de hacer los ritmos en la guitarra viene un poco de esa percusión garífuna. El momento en el que alguien de esa tradición tomó la guitarra tradujo los toques del tambor para ella. Yo he tomado esa forma de tocar y le he añadido, entre comillas, mi "educación". Y eso me ha ganado un estilo interesante que no es son cubano.

 

Y ahora acabas de estrenar un «Guillermo Anderson sinfónico»

 

Me siento muy halagado de que el maestro Óscar Barahona sea seguidor de mi música y voy descubriendo que muchos músicos sinfónicos importantes siguen mi trabajo y muy halagado en ver que estos maestros vean en mi música posibilidades para una orquesta sinfónica.

 

Después pienso hacer un proyecto con una orquesta para presentar al público canciones de Honduras que pensamos se han quedado rezagadas de compositores de los años 60 y 70 que creemos que es importante presentarlas, grabarlas y darles un empujón.

 

Hace tres años se estrenó el documental Guillermo Anderson. Llevarte al mar ¿Cómo fue eso de ver tu vida en la pantalla?

 

De comienzo fue una situación interesante porque yo sencillamente le dejé unos discos en una situación muy casual a Jorge Dalton y después me llamó y me dijo: "he estado escuchando tu música y me encantó y quisiera conocer el lugar de donde vienen todas estas canciones, quisiera conocer tu espacio, tu vida". Entonces yo lo invité y lo llevé a hacer un recorrido por donde yo me crié, por donde fue mi infancia, todas las zonas ahí del Caribe, las aldeas garífunas y quedó impresionadísimo porque su infancia había transcurrido en Cuba —Jorge es el hijo del poeta salvadoreño Roque Dalton—, entonces, al llegar a la costa de Honduras, dijo: "aquí me siento en casa, por la manera de ser de la gente, con la música, me siento tan a gusto que es casi encontrarme con elementos de mi infancia, entonces quiero hacer algo en cuanto a cine".

 

Entonces hizo este documental que es Jorge Dalton descubriendo el Caribe hondureño a través de mi música, de mi vida, de anécdotas, mis fusiones. Imagínate qué privilegio, qué documentazo para mi vida, para mi familia, para mis hijas, el tener un documento como ese.

 

¿Has creado escuela en Honduras?

 

Si de alguna manera he creado escuela es en el hecho de que otros grupos empezaron a utilizar la percusión garífuna en su música. Quizá no he creado una escuela, pero sí definitivamente una influencia.

 

Sí siento que hay un grupo de jóvenes que aspiran a hacer una canción que refleje a un país desconocido como el nuestro, un país que la gente no esta acostumbrada a verlo reflejado en canciones, en cine, en pintura, en poesía y literatura.

 

Guillermo Anderson © Xavier Pintanel
Guillermo Anderson
© Xavier Pintanel

 

¿Qué se está haciendo en la actualidad musicalmente en Honduras y en Centroamérica en general? ¿A quien nos recomendarías?

 

En toda Centroamérica hay gente que está haciendo cosas muy interesantes. Es muy difícil hablar de un país en particular porque en Centroamérica los países son muy pequeños, son como pequeñas provincias y cuesta a veces hablar de un movimiento.

 

Pero en un país como Honduras, si bien no podríamos hablar de un movimiento sí que hay gente que esta haciendo cosas muy interesantes musicalmente, por ejemplo Camilo Corea que es un maestro de jazz que está incorporando los ritmos garífunas a su trabajo. Hay también un grupo que se llama Pez Luna que compone canciones y letras muy interesantes, ellos son del interior de Honduras.

 

En El Salvador está Manuel Contreras, que es un joven cantautor que se está convirtiendo en un referente en su país.

 

Hay cosas muy interesantes como el trabajo que ha hecho el cantautor Manuel Monestel en Costa Rica, que es el responsable de presentar a los compositores de calipso costarricense.

 

No se puede dejar pasar el trabajo de Rómulo Castro en Panamá. Rómulo es definitivamente un referente de la canción centroamericana, compositor de varios temas que ha llevado por ejemplo Rubén Blades. Es una persona que brilla con su propia luz como compositor.

 

En Nicaragua estos días suena mucho Perrozompopo, por supuesto el trabajo de Katia Cardenal, que después del fallecimiento de su hermano Salvador —ambos formaron el Dúo Guardabarranco—, esta componiendo mucho. En Nicaragua hay también un joven que se llama Juan Solórzano que además de ser un muy buen cantautor tiene también esta tendencia de rescatar música tradicional de Nicaragua para presentarla a las nuevas generaciones.

 

Han habido también otras cosas muy interesantes, como por ejemplo la Orquesta de la Papaya de la que fui cofundador con Manuel Obregón —miembro de Malpaís y actual ministro de cultura de Costa Rica— que está compuesta por músicos de toda Centroamérica.

 

¿Música hondureña o música centroamericana?

 

Los artistas en Centroamérica tienden a pensar centroamericanamente.

 

Es muy difícil hablar de sólo los países sino que yo creo que en Centroamérica habría que hablar desde una perspectiva centroamericana. Creo que Centroamérica se debe ver desde este contexto. La Orquesta de la Papaya es un ejemplo de esto en lo que todos sentimos: que tenemos que trabajar de manera centroamericana para encontrar también un mercado. Yo veo a Centroamérica como un espacio donde puedo estar circulando y creo que cada vez más es el objetivo de muchos de los que hacemos canciones.

4 Comentarios
#4
Ilze Diaz
Honduras
[13/09/2013 07:26]
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Caramba! Guillermo es un verdadero tesoro nacional!
#3
Pilar Guzmán
Honduras
[07/09/2013 06:15]
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Excelente compositor, sus canciones fueron de las primeras que escuché al venir a Honduras... que bien por la entrevista, Orgullo Ceibeño.
#2
Valentín Río
España
[28/08/2013 12:41]
Vota: +0
Un fuerte abrazo desde Barcelona, hermano,m dónde siempre se te espera.
#1
Karen Bourdeth
Honduras
[27/08/2013 17:14]
Vota: +1
Muhcas felicitaciones Guillermo...ahora eres nuestro "Secreto a Voces"









 
  

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