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Instrumentos musicales

Las dulzainas de la Península Ibérica

por Pol Ducable Rogés el 10/01/2014 

Siguiendo la línea de artículos que versan sobre instrumentos tradicionales del Mediterráneo, y al hilo de los aerófonos de doble lengüeta, hoy os presentamos la família de dulzainas de la Península Ibérica.

Grupo de grallers Els Laietans, de gira por Cantabria, con una de las Gigantillas de Santander © Els Laietans (2013)
Grupo de grallers Els Laietans, de gira por Cantabria, con una de las Gigantillas de Santander
© Els Laietans (2013)

Como ya apuntábamos en el artículo anterior, cada cultura ha desarrollado a lo largo de la historia su propio modelo de oboe tradicional en tanto que cada sociedad tiene un contexto religioso, lingüístico y de gustos musicales diferentes. Y la Península Ibérica, con su diversidad cultural, es una zona muy interesante de analizar y explicar. Con el nombre genérico de dulzaina encontramos un aerófono con una morfología, una evolución organológica y una funcionalidad dentro de la fiesta muy similares pero con nombres que varían según la zona.

 

La gralla es el oboe tradicional con más popularidad actualmente en Cataluña. El origen de este aerófono se sitúa en las comarcas del Penedés (conocida por ser una tierra de excelentes vinos), Garraf, Tarragonés y Campo de Tarragona. Las primeras chirimías documentadas son de tubo cónico con 7 agujeros para tapar (uno de ellos detrás) y se las llama grallas secas o cortas. En el siglo XIX también aparecen con el nombre de dulzaina, nomenclatura en español. Su función era eminentemente festiva, y aparecen acompañando gigantes, las primitivas collas de castellers, y otras figuras festivas y bailes tradicionales. La gralla siempre aparece asociada a la percusión de uno o dos redoblantes, como la mayoría de dulzainas de la Península Ibérica.

 

A mediados del XIX los grupos de grallers empiezan a ser contratados también para realizar los bailes en las plazas mayores, con una nueva música de moda siguiendo las exigencias y gustos de la sociedad del momento. Igual que muchos instrumentos, las grallas evolucionan a nivel organológico y, por ejemplo, se les añaden llaves para mejorar los cromatismos y ampliar su tesitura hacia registros más graves. La gralla con llaves (se añaden entre una y cinco) da paso a una época de oro del instrumento hasta inicios del siglo XX. Incluso aparece un modelo de gralla baja, afinada una quinta inferior, para tocar la voz más grave.

 

Durante el segundo tercio del siglo XX la gralla vive un periodo de decadencia. Después de un renacimiento de la actividad grallera los años cincuenta y sesenta, y con el fin del franquismo, en los años setenta surge un movimiento para la recuperación y divulgación del instrumento que tiene sus frutos con la expansión y popularización de este aerófono por toda Cataluña durante los años ochenta y noventa, gracias -en buena parte - al fenómeno casteller y de collas de gigantes que ha ido creciendo desde entonces.

 

En otros territorios de la Península la historia se repite aunque con nombres diferentes para el instrumento y seguramente con menos instrumentistas que en Cataluña debido a la enorme proliferación de los ya citados castellers y collas de gigantes. Estas dulzainas también son acompañadas de redoblante. En Castilla, la dulzaina tiene llaves introducidas el XIX por el constructor de Valladolid Ángel Velasco para poder interpretar melodías cromáticas. Esta característica no se encuentra en la dulzaina del Bajo Aragón, sin llaves pero con un octavo agujero por el dedo meñique de la mano derecha. En el País Vasco, Navarra y La Rioja también encontramos este aerófono sin llaves con el nombre de gaita. En Cantabria se está recuperando el vocablo cántabro vozaina para este mismo instrumento, igualmente sin llaves.

 

Un caso algo diferente es la dolçaina (también llamada donçaina, dulzaina, xaramita, xirimita o gaita, dependiendo de la zona) es el oboe tradicional del País Valenciano. Morfológicamente se parece a la gralla y dulzainas peninsulares y también se acompaña de un tambor, el tabalet. Tiene ocho agujeros melódicos (uno detrás), está afinado en sol, pero el sonido y la digitación son sensiblemente diferentes a los de sus homónimos peninsulares. Es un instrumento transpositor, lee una cuarta por debajo. Se tiene noticias de dulzaineros desde el siglo XVIII, que amenizaban las fiestas populares sobre todo las Fiestas de Moros y Cristians, muy populares en las comarcas valencianas. Como la mayoría de oboes tradicionales tiene una primera época dorada en el s.XIX que da paso a un periodo de decadencia con la popularización de las bandas, el conjunto que desde entonces casi ha monopolizado la música en las calles valencianas. A mediados del XX se empieza a recuperar el instrumento: en este sentido es clave la figura de Joan Blasco "El Mestre". Actualmente la mayoría de dulzaineros están reunidos en la Federación Valenciana de Dolçainers y Tabalers, compuesta por unos 70 grupos, es decir unos 2.000 miembros. También el uso de dulzainas en grupos de pop-rock se ha popularizado, gracias en parte a grupos como Obrint Pas que este año inician su gira de despedida después de 15 años en los escenarios.

 

Miquel Gironès, dolçainer del grupo valenciano Obrint Pas. © Xavier Pintanel
Miquel Gironès, dolçainer del grupo valenciano Obrint Pas.
© Xavier Pintanel










 
  

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