El músico mallorquín Toni Morlà (Palma, 1945) ha muerto este sábado de cáncer, después de una larga carrera como cantante y compositor en la que colaboró en diversos grupos de música como Els Talaiots hasta 1975, cuando decide escribir e interpretar sus propias canciones.
Víctima de un cáncer de páncreas diagnosticado tan sólo hace tres meses, el músico mallorquín Toni Morlà murió ayer sábado, a los 68 años.
En sus inicios colaboró en diversos grupos como Els Pops o Els Talaiots hasta 1975, cuando decide empezar a escribir sus propias canciones. Ese mismo año graba su primer álbum, Amb sos peus en terra, que no aparece, sin embargo, hasta 1977.
Después de una experiencia en el campo de la canción tradicional (el disco sencillo Temes d'Andratx, 1979), Morlà publica en 1981 un álbum dedicado a musicalizaciones de poemas de Miquel Costa i Llobera, Toni Morlà canta les primeres poesies de Miguel Costa i Llobera.
Con Idò (1983), un nuevo disco de temas propios y al año siguiente colabora en el álbum colectivo Lluc i el poble con la musicación de un poema de Costa i Llobera (L'era d'Escorca) basado en una leyenda religiosa, y con la musicación de un poema popular que interpreta Toni Fuster. Al año siguiente escribirá varios temas para el único disco en solitario (El dimoni Cucarell) de este último.
La discografía de Morlà se completa con un nuevo CD de temas propios (El vol de la falzia, 1986) y con el álbum compartido con Salvador López A mitges (1988).
Después, Toni Morlà se alejó progresivamente de la canción activa y se dedicó a trabajos radiofónicos. En 1995 aparece un CD (Cançons per a tu) que recoge una selección de 13 temas extraídos de los álbumes Amb sos peus en terra, Idò, El vol de la falzia y A mitges. En 2007 lanzó el que sería su último disco, Pot ser demà.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.

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